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lunes, 6 de septiembre de 2010

RECREO CON BUEN HUMOR

MONÓLOGOS PARA REFLEXIONAR CON UNA SONRISA
GEORGE CARLÍN, UN YANQUI ANTISISTEMA

SUEÑO AMERICANO? EL VERDADERO PODER

http://www.youtube.com/watch?v=r7dL-lGCVEg

NOS GUSTA LA GUERRA

http://www.youtube.com/watch?v=_vFIfDTvbTQ

SALVEN EL PLANETA

http://www.youtube.com/watch?v=xD7HD1VSAyo

LAS MALAS NOTICIAS

http://www.youtube.com/watch?v=FwpaC4nctGs

sábado, 31 de julio de 2010

BLOG POR LA MEMORIA POLÍTICA


NO OLVIDEMOS LA CONTRADICCIÓN FUNDAMENTAL:
PUEBLO - ANTIPUEBLO

Respuesta de Moreau a Biolcati

El ex Senador Nacional Leopoldo Moreau
dijo sobre el discurso del Presidente de la Sociedad Rural Hugo Biolcati que: ”Resulta positivo que autocríticamente haya enumerado entre las razones de los males argentinos los sucesivos Golpes de Estado, las privatizaciones indiscriminadas y la intolerancia política. A la vez resulta contradictorio que haga un reconocimiento respecto a que la pobreza y la exclusión son los principales problema a resolver y promueva una disminución sustantiva de las retenciones con las que el campo viene contribuyendo para sostener las políticas sociales de inclusión”.

EL PADRE DE LA DEMOCRACIA SILBADO EN LA RURAL



http://www.youtube.com/watch?v=E0SkJKSe-_Y

LA SUCIEDAD RURAL APLAUDE Y VIVA AL DICTADOR ONGANÍA


http://www.youtube.com/watch?v=zUuDpiCEimc

SOLICITADA DE APOYO DE LA RURAL AL PROCESO MILITAR
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhT0VxT1iXAGQZUQhjNDeRm6rEZfXT1RTl0cx9lF9Cqw9m52buK3e-HwB3PP60BGfKS22CpkYH6ARlYit_ROvSDkRffzjlpNufu4SQaUCGPTORlm_mIcGda5F5ti8VNfOVnEAiSlZilfryR/s1600-h/SRA.jpg

jueves, 22 de julio de 2010

BLOG POR LA MEMORIA POLÍTICA

VOCÉ AJUSTÓ

Kirchner recortó 15% jubilaciones y sueldos cuando gobernaba Santa Cruz

Hoy critica las medidas de la Alianza. Pero en 1992 hizo lo mismo para reducir el déficit de su provincia. La opinión de un ex gobernador y un ex intendente.
Tras su llegada a la gobernación de Santa Cruz, en diciembre de 1991, Néstor Kirchner resolvió reducir salarios públicos y jubilaciones provinciales como mecanismo para paliar el déficit fiscal que venía arrastrando la provincia. Por caso, el ex presidente recurrió en su pasado político a una medida que ha criticado duramente todo el arco kirchnerista desde su llegada al Gobierno nacional, en 2003.
El 2 de enero de 1992 Kirchner firmó el decreto provincial 309/92 determinó un descuento de hasta el 15% en todos los sueldos públicos y jubilaciones provinciales.
La norma incluyó en su artículo 1 la “imposibilidad de pago” de las remuneraciones de diciembre de 1991 y la segunda cuota del aguinaldo.
Con dos artículos adicionales, el entonces gobernador santacruceño creó un registro de empleados provinciales para los que quisieran renunciar a sus puestos a cambio de un retiro voluntario e “invitó a las municipalidades de la provincia que se encuentren en emergencia económica y administrativa a que tomen medidas similares” (artículo 5).
Los municipios de la provincia se plegaron a la iniciativa con excepción de Río Gallegos y Pico Truncado.
Además del gobernador, el decreto fue firmado por Ricardo Jaime, ministro Secretario de la Gobernación, que luego ofició de secretario de Transporte de la Nación (2003-2009). Actualmente la Justicia lo investiga por corrupción y está procesado por recibir dádivas durante su función pública.
En las firmas siguen Carlos Hugo Muratore, ministro de Educación, que fue nombrado en el gabinete provincial tras su paso como secretario general de la gobernación de Santa Cruz en tiempos de la dictadura; Carlos Zannini, ministro de Gobierno provincial (1991-1995) y actualmente secretario Legal y Técnico de la Presidencia; y Alicia Kirchner, ministra de Asuntos Sociales y actual ministra de Desarrollo Social de la Nación.
Alfredo Martínez, intendente de la capital provincial de Santa Cruz (1991-1999) y actual senador nacional por la UCR, afirma que “al momento de aplicarse la reducción de salarios en la provincia la provincia estaba prendida fuego y con un déficit infernal” y “Kirchner entendió que el ajuste también tenía que hacerse por el lado de los sueldos y jubilados”.
Martínez
agrega que si bien Río Gallegos no tenía un problema grave de déficit, la situación financiera era mala: “en aquel momento tuve que salir a refinanciar a los proveedores, parar por un año la obra pública y recortar al máximo gastos operativos del municipio”.
El ex gobernador santacruceño, Sergio Acevedo, por entonces intendente de Pico Truncado, explica que “Kirchner redujo sueldos y jubilaciones de acuerdos a los valores que podía pagar la provincia en aquel momento” y más tarde “las deudas salariales y de haberes de diciembre se fueron devolviendo en cuotas”. “Si bien con el paso del tiempo hubo aumentos de salarios, se hizo con mecanismo de premios no remunerativos”, agrega.
Tanto Acevedo como Martínez concuerdan en que Kirchner tuvo “viento a favor” para encauzar las cuentas provinciales. Luego de aplicar el ajuste fiscal en la provincia, se incrementaron los montos de coparticipación federal de impuestos, cobró del Estado Nacional el juicio por regalías petroleras mal liquidadas y creció de valor el precio del barril de petróleo.

DECRETO 309/92
Río Gallegos, 02 de enero de 1.992.
EL GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE SANTA CRUZ
EN ACUERDO GENERAL DE MINISTROS
DECRETA
Artículo 1º.- DECLÁRASE la imposibilidad del pago de haberes de los funcionarios y empleados públicos activos y pasivos, convencionados o no, de la Administración
Centralizada y Descentralizada, Entidades Autárquicas, Empresas y Sociedades del Estado, Banco de la Provincia de Santa Cruz y cualquier otro ente que presupuestariamente dependa de la Provincia de Santa Cruz, como así también los de los Poderes Legislativo y Judicial, relativos al mes de Diciembre del año 1.991, así como la segunda cuota del Sueldo Anual Complementario correspondiente al año 1.991.
Artículo 2º.- Los montos cuya imposibilidad de pago se declara en el artículo anterior serán
abonados del siguiente modo, de conformidad a las escalas vigentes al tiempo en que fueron
devengados:
- Los haberes del mes de diciembre, con fondos genuinos que se obtengan del acuerdo
al que en definitiva se arribe y apruebe entre la Provincia de Santa Cruz y el estado
nacional en el marco del preconvenio existente, relativo a la liquidación de regalías
de hidrocarburos, dentro de los quince (15) días de acreditados los fondos en el Banco
de la Provincia de Santa Cruz.
- El Sueldo Anual Complementario con fondos genuinos que se acrediten a la Provincia
de Santa Cruz en virtud de la licitación de las Áreas Petroleras Primarias Santa Cruz I y
II en proporción a lo recibido por el Tesoro Provincial y dentro de los quince (15) días
de depositados en el Banco de la Provincia.
Artículo 3º.- DETERMÍNASE que a partir del 1º de Enero del año 1.992, en el marco de la
vigencia de los Artículos 7º, 10º, 11º y 13º del Decreto Provincial Nº 139/91 ratificado por
Ley Provincial Nº 2263, las remuneraciones del personal comprendidos por aquellas normas y el artículo 1º del presente, se reducirán en un monto igual al QUINCE POR CIENTO (15%) del total que por todo concepto excluidas las asignaciones familiares, perciba el funcionario y agente, cuando los mismos superen los PESOS QUINIENTOS (($: 500), mientras que aquellos que no superen dicha cifra se reducirán en un monto del DIEZ POR CIENTO (10%) .
Artículo 4º.- DISPÓNESE la apertura por treinta (30) días, de un registro para la inscripción de
los empleados enunciados en el artículo 1º y comprendidos por las medidas que este Decreto
implementa, que optaren por su retiro al amparo de las indemnizaciones que correspondan
conforme a su ámbito de relación laboral.
Artículo 5º.- INVÍTASE a las Municipalidades de la provincia que se encontraren en situación
de emergencia económica y administrativa a disponer medidas que en su ámbito tornen
aplicables los mecanismos previstos en el presente.
Artículo 6º.- INVÍTASE a las autoridades de la Honorable Cámara de Diputados y del Poder
Judicial a que arbitren los medios para cumplir en su ámbito las medidas dispuestas por los
artículos 3º y 4º del presente Decreto.
Artículo 7º.- El presente Decreto será refrendado en acuerdo general de ministros.
Artículo 8º.- De forma….
KIRCHNER – Dr. Carlos Zanini – Ing. Ricardo Jaime – Dr. Hugo Muratore – Lic. Alicia Kirchner

lunes, 28 de junio de 2010

BLOG POR LA MEMORIA

CON LAS ALAS DE MAXI Y DE DARÍO

CHALA RASTA
EL PUENTE

http://www.youtube.com/watch?v=RNOzMQyi1gk

EL PUENTE
Mañana de Junio 26
El rocío barniza la ciudad
Temblando, una hoja adivinaba.
En Claypole el invierno aprieta más,
Guernica quedó muda de gritar
Es tiempo, que nos empiecen a escuchar.
Marchan codo a codo compañeros
que al llegar al puente eran hermanos
hermanos de sangrede valor,
se hacía grande el corazón.
Pañuelos como única armadura
madera contra pólvora y metal
el odio y el amor se dieron ring
Abel, Caín en la Biblia de nuestra historia
Otro madero en Babilonia.
Fue cuando emergió de los infiernos
se calzó el traje que mejor le iba
la gorra tapa cuernos no sirvió
el pueblo vio la más grande cobardía
Un caudillo cae en la emboscada
Jesús resucitó en Avellaneda
nunca abandones a un hermano herido
aunque te cueste el corazón
Noche de aquel Junio 26
Y una multitud desesperada se aglutina
nace una Argentina
Y de Monte Chingolo a Don Orione
hay ángeles que alumbran a los pobres
ya ves chacal, no es fácil matar..
Viven los dos, germinarán en nuestra tierra...
Viven los dos, germinarán en nuestra tierra...

http://www.free-lyrics.org/Chala-Rasta/53866-El-Puente.html

LUCERO
Vengo de un país devastado ,
y en las ruinas quiero comenzar
un país de pueblos hermanados
donde falte el odio y sobre el pan.
Donde rían los sobrevivientes,
donde canten los ex-combatientes,
donde el que tiró el pibe al Riachuelo,
volviendo el tiempo atrás, muera primero.
Y nadie se acobardó, y nadie se traicionó.

Lucero que estás brillando y nada más,
Lucero que estás brillando,
haz que mi país
arranque el color gris
y brille como vos, Lucero.
Y no me hables de sufrir,
que de morirme vengo.
Hablo de la inmensidad de poder pelear
con nuestra voz.
Con nuestra voz.
Con nuestra voz.

Y el gobernador y el presidente
...ningún goberladrón ni presidiario,
ni agentes del desorden, nunca más.
Que nadie mande a nadie y en el barrio
se construya un popular.

Y el Congreso un buen circo pa’ los chicos,
con payasos que rían de verdad.
No queden ni camisas ni corbatas
de esos bufones que te hacen llorar.
Y nadie se acobardó,y nadie se traicionó.

Lucero que estás brillando y nada más,
Lucero que estás brillando,
haz que mi país arranque el color gris
y brille como vos, Lucero.
Y no me hables de morir,
que de morirme vengo.
Hablo de la inmensidad de poder pelear
con nuestra voz.
Con nuestra voz.
Con nuestra voz.

Y al Colón por fin llegaron los murgueros,
comparsas y cantores callejeros.
Canillitas vivaban con esmero
la voz mezzosoprana de un diariero.

Y esa estatua de mierda en Bariloche
y cuadros de genocidas en las aulas,
sean alimento de una gran fogata
que purifique el suelo de la patria.

Que en los libros de historia esté presente
la batalla del 20 de diciembre.
Y que en Avellaneda han resistido
con las alas de Maxi y de Darío.
Y nadie los traicionó y nadie los olvidó.

Lucero que estás brillando y nada más,
Lucero que estás brillando,
haz que mi país arranque el color gris
y brille como vos, Lucero
Y no me hables de morir,
que de morirme vengo.
Hablo de la inmensidad de poder pelear
con nuestra voz.
Con nuestra voz.
Con nuestra voz.
Con nuestra voz.

JUNIO POR JORGE FANDERMOLE

http://www.youtube.com/watch?v=rCuWUcTPf80

jueves, 6 de mayo de 2010

BLOG POR EL DEBATE DE IDEAS

Orden natural, valores absolutos y verdadera Democracia
Por José Pablo Feinmann*

“En general, lo que defiende siempre la derecha es el orden natural de las cosas, porque a la derecha le conviene naturalizar la historia: al naturalizar la historia es imposible cambiarla, porque está naturalizada, y el orden natural no puede ser otro. Al no poder ser otro, no se lo puede alterar. O sea, razonamiento más conservador de este no existe, por eso todos los regímenes de fuerza han venido a restaurar el orden natural de las cosas peligrosamente acechado por las ideas disolventes.

No quiero decir con esto que el Stalinismo ruso fuera de derecha, de ninguna manera, es patrimonio de la izquierda, poderosa y paradójicamente, también lo del orden natural de las cosas. Si estamos viendo que en Marx hay un orden natural de las cosas, que en Hegel lo había, hay un devenir necesario de la historia, eso es profundamente autoritario, porque si hay un devenir necesario de la historia quien salga de ese devenir natural merece el peor de los castigos, porque, bueno, no hay más que crear un punto de vista o valor absoluto para sentirse autorizado a matar al otro. Es decir, si yo creo el partido de vanguardia o la democracia liberal o el hombre nuevo o la diosa razón, la raza de señores, la tierra, la sangre: valores absolutos, desde ahí me siento con derecho a matar al que está en contra de eso, porque se opone a un absoluto. ¿Por qué el Che Guevara fusila 1500 tipos en la fortaleza de La Cabaña?

Cuando estrenamos “Cuestiones con Ernesto Che Guevara”, una obra de teatro mía, en 1988, había debates al final, una chica se levantó y dijo: “Estoy confundida, estoy en contra de la pena de muerte y cuando veo al Che, que quiero tanto, matar a mil quinientas personas no sé qué decir”. Se quedó con la confusión pero se quedó con algo en la cabeza que me parece importante. El régimen autoritario puede basarse en cualquier valor. El hombre nuevo es un valor peligrosísimo, todo aquel que se opone a mí está luchando por el hombre viejo, por una imagen del hombre que hay que superar y dejar atrás, o sea, lo tengo que dejar atrás a él, tengo derecho a tomar su vida.

Hay un texto de Engels que se llama De la autoridad, un texto de 1874, en el cual se burla de todos aquellos que atacan al concepto de autoridad. Y al final Engels dice riéndose: pero ¿han visto estos bastillazos, cañonazos, guillotinazos? Eso es una revolución para Engels. O sea, una revolución quiere decir que el que gana tiene que matar al que perdió para no perder lo que conquistó, textual. Y ahí están los extravíos de la izquierda, ahí es donde se parece tanto a la derecha que uno ya no las puede distinguir. Porque ambas echan mano a criterios autoritarios de exclusión total del otro, que llevan a matarlo.

Únicamente la democracia, no esta democracia liberal de mercado, sino la democracia que alguna vez se hará, con contenidos sociales, con contenidos humanitarios, con derechos humanos, formalmente incluye la exigencia de pensar que algo de la verdad está en el otro. Entonces, si algo de la verdad hay en el otro, yo no puedo matar al otro a riesgo de cercenarme a mí mismo. Entonces ese es el valor más alto de democracia, por eso permanece desde los griegos hasta nosotros. Lo que pasa es que se ha vaciado de contenido, se la ha malbaratado, y nosotros conocemos sólo la democracia que tenemos ahora (…)”

*En ¿Qué es la filosofía? Ed. Prometeo, Bs. As. 2005


Un déjà vu: los proyectos económicos de Yrigoyen y el Congreso
Por Mario Rapoport


Si existen en nuestro pasado gobiernos que han padecido al mismo tiempo, como el actual, el rechazo de la oposición política en el Congreso y el de los grandes medios de difusión de su época no fueron, como podría creerse, los del peronismo, que tuvieron siempre, al menos, el soporte de amplias mayorías legislativas, sino las dos administraciones radicales de Hipólito Yrigoyen.

En el año 1916, en el que Yrigoyen asumió el gobierno, sus partidarios eran minoría en diputados y senadores, mientras que en el resto de su primer mandato, 1918-1922, el líder radical logró una mayoría en la Cámara baja pero nunca la tuvo en el Senado. A su vez, en el período de su vuelta al poder, entre 1928 y 1930, le ocurrió lo mismo, salvo que a sus opositores de siempre, en especial los conservadores, se les sumaron los radicales antipersonalistas, que venían del mismo tronco político pero se transformaron en sus enemigos más acérrimos. Además, tendría en forma casi permanente la gran prensa en contra, tanto la “seria” –La Nación o La Prensa– como la “popular” –el famoso diario Crítica de Botana– en este caso sobre todo en el último período. Se dice que el pasado no explica el presente, sólo lo ilumina, pero es mejor leerlo a la luz de alguna vela que en plena oscuridad.

Decía con elocuencia el hoy poco recordado líder radical Moisés Lebensohn, prematuramente fallecido, fundador y verdadero ideólogo en los años ’40 de la rebelde intransigencia, que tuvo en su seno a figuras luego más conocidas como Frondizi y Balbín: “… el jaqueo a las reformas de Yrigoyen fue implacable. Constituyó la expresión despiadada de una clase que se aferra al statu quo y permanece insensible ante los padecimientos del pueblo y de la nacionalidad. El daño inferido al desarrollo nacional surge de la sola enunciación de los proyectos orgánicos de Yrigoyen, frustrados por la oposición legislativa” (Prólogo a Hipólito Yrigoyen: pueblo y gobierno, Raigal, 1954). Y esa enumeración era larga, iba desde los contratos colectivos de trabajo hasta salario mínimo, Código de Trabajo, jubilaciones y pensiones de empleados del comercio, la industria y el periodismo; cooperativas agrícolas; régimen de explotación del petróleo; creación de una marina mercante nacional; plan de vinculación ferroviaria entre las provincias de norte y del oeste y muchas otras. “Desde el Senado y la Cámara de Diputados, desde la prensa y la judicatura, desde las posiciones llave del mundo económico y de la ‘inteligencia’, la oligarquía le combate (a Yrigoyen) acerbamente… Nueve décimas partes del periodismo lo ataca con saña, le zahiere, le tuerce sus palabras y retuerce sus propósitos.” Expresiones que cobran relevancia en el anfiteatro actual de la política argentina.

Pero desde el punto de vista económico resulta interesante el rechazo a cuatro de sus proyectos de ley principales: la creación de un Banco de la República; la de un Banco Agrícola; la reforma del régimen tributario, en especial la implementación del impuesto a los réditos; y la imposición de derechos a la exportación. Parece que estuviéramos hablando de temas coyunturales pero no es el caso. En 1917, el ministro de Hacienda de Yrigoyen, Domingo Salaberry, propuso la conformación de un Banco de la República sobre la base de capitales estatales y la garantía por parte de la Nación de todas sus operaciones. No era el Banco Central de 1935 con mayoría de capitales privados –resultaba más parecido a la reforma que hizo Perón en 1946– aunque tenía todas las funciones de un banco de ese tipo: desde emitir moneda y hacer redescuentos hasta regular los cambios y las tasas de interés. La intención era practicar políticas contracíclicas regulando la cantidad de dinero y de crédito para que no escaseara en épocas de iliquidez ni sobrara en coyunturas de auge. Pero el Senado rechazó el proyecto y, en cambio, en 1927, ya con Alvear en la presidencia, se aprobó la reapertura de la Caja de Conversión, por la cual presionaban los intereses agroexportadores a fin de detener la revaluación del peso que se había producido debido a una reactivación coyuntural de la economía. El retorno a una tasa de cambio fija impulsaba de hecho una devaluación de nuestra moneda. Pero la medida resultó un fracaso y el propio Yrigoyen, de nuevo en el gobierno en 1928, tuvo que cerrar la Caja frente a la fuga de capitales hacia Wall Street impulsada por el auge previo a la crisis mundial que estallaría en octubre de 1929.

El mismo destino adverso para Yrigoyen tuvo en 1919 un proyecto de impuesto a los réditos. Para el Poder Ejecutivo el sistema argentino basado en los gravámenes aduaneros era deficiente y dependía en forma exclusiva de los avatares del comercio exterior. Sostenía que el nuevo impuesto resultaba el más equitativo (“la fórmula fiscal de la democracia” argüían en el debate parlamentario los diputados radicales) y se aplicaba ya en muchos países. Frente a la difícil situación financiera y el creciente déficit fiscal, su objetivo era obtener nuevos recursos evitando cualquier reducción de gastos basada en la eliminación de empleados públicos o en la disminución de las prestaciones sociales públicas, o sea, las que hoy denominamos políticas de ajuste.

El proyecto aplicaba una cuota fija progresiva sobre las personas físicas y jurídicas. La escala progresiva variaba del 0,5 por ciento para las rentas más bajas al 7 por ciento para las mayores. Las sociedades anónimas y demás comerciales y civiles tenían una tarifa especial según sus utilidades, que podría llegar hasta el 20 por ciento en aquellas que superaran el 50 por ciento de beneficios. Recién en 1931 Prebisch redactó un proyecto con el mismo propósito que el Congreso, con mayoría conservadora, antes opuesta al que presentaron los radicales, aprobó sin cuestionamientos en 1932.

También Yrigoyen presentó al Parlamento, y fue rechazado, un proyecto de creación de un Banco Agrícola cuyo objetivo era llevar “a los trabajadores del campo la posibilidad de movilizar y aprovechar sus capitales sin disminuir sus propias energías”. Estaba dirigido especialmente a los agricultores de menores recursos que no disponían de líneas de crédito accesibles. Igual suerte tuvo otro proyecto que aplicaba derechos a la exportación mediante una suma fija del 5 por ciento sobre el valor de los frutos o productos del país y del 2 por ciento sobre mercaderías de origen extranjero, sustituyendo el tan engorroso y poco productivo sistema de aforos, que se calculaban mensualmente y daban lugar a la subvaluación de los productos, por un derecho fijo fácilmente realizable. La “mesa de enlace” de esa época, expresada en las organizaciones agropecuarias, puso el grito en el cielo y la sensible mayoría conservadora en el Senado se opuso en bloque.

Frente a tanta oposición, que le impedía gobernar, Yrigoyen presentó en el Congreso, en 1921, un proyecto de ley que sometía a la Corte Suprema la posibilidad de dirimir esta cuestión basado en los términos de la misma Constitución, que permitía al Poder Ejecutivo dictar las leyes necesarias para ejercitar los poderes concedidos al gobierno de la Nación. Ese proyecto fue igualmente rechazado por la mayoría del Senado. Como señala una autora refiriéndose al impuesto a la renta: “la oposición, durante aquellos años, estuvo sistemáticamente en contra de otorgar a su adversario político mayores recursos financieros que pudieran dar autonomía a sus propuestas” (A. Montequin, en revista Ciclos N° 9, 1995). Dime qué historia te cuentan y te diré quién eres.

LA POLITICA SIN ETICA Y MORAL ES PODER BRUTO.
RICARDO ALFONSÍN

http://www.youtube.com/watch?v=PC4upZzz_A4

Hablar de política y no de los políticos
Por Daniel Wizenberg

Pasaron ya varios siglos desde que Maquiavelo, con fundamento republicano, escindió la ética de la política. Desde entonces ya empezaba a quedar claro que cada una (ética y política) recorrían carriles separados.Estudiar, por ejemplo, a Napoleón Bonaparte preguntándonos qué intenciones habrá tenido o si lo que hizo fue de mal o buen tipo no es correcto. La política no se analiza desde ese lugar. La honestidad o corrupción de Napoleón corresponde a otro orden de análisis, al de lo privado, por donde no transita la Historia. El hecho político es lo único que hay, lo único relevante para juzgar en política. Todo análisis que se precie de político pero indague sobre, por ejemplo, los bienes y la riqueza que obtuvo, los móviles de sus acciones, la cantidad de mujeres que desposó o la forma en la que trataba a sus soldados es un análisis ético, legítimo, pero no político.

Asícomo a un científico se lo juzga desde la ciencia y a un veterinario desde la veterinaria: a un político se lo juzgadesde la política. ¿Qué pasa si pensamos, por ejemplo, a Arturo Illia desde esa lógica?Una excelente persona, con principios morales claros, admirables, pero que en el terreno de la política careció de capacidad de construir poder, de estrategia para incidir en la correlación de fuerzas. Si la Historia guarda para Illia un buen lugar no es porque era un buen tipo sino porque supo hacer salir la Ley de Medicamentos o mantener el salario mínimo. Y si no le guardaun gran lugar es porqueno quitó la proscripción electoral al peronismo o no tuvo la capacidad de erigir poder político. Si era mala o buena persona no importa para la Historia, porque no es relevante para la política. Del mismo modo, la Historia reserva un lugar en el podio de los más despreciables para Menem no porque fue el más corrupto (eso es quizás una, importante, nota al pie) sino porque desmanteló el aparato productivo Nacional, extranjerizo el Estado y vendió el país.

La corrupción es un mal y es necesario erradicarla de cuajo: culturalmente e indagando enuna verdadera ética pública. Incluso hay que denunciar a la mala gente, la búsqueda política que emprendemos es de alguna manera, como lo expresó J.P Feinmann, la de la victoria de las buenas personas. Pero es clave diferenciar lo importante de lo determinante, cuando se habla de política la corrupción es importante pero lo determinante pasa por la política misma. ¿Acaso importa saber si Videla era un tipo generoso o qué fue lo que impulsó a ser un genocida? Del mismo modo tampoco importa saber qué impulsó a los Kirchner para que apoyen la Ley de Medios. Sino que lo relevante es el hecho en si mismo, en el primer caso que fue un genocida y en el segundo la Ley de Medios en si misma por lo que significa para la democracia.

Atravesamos una era signada por los medios de comunicación y una época en la que el gobierno afecta los intereses de los grandes monopolios mediáticos. En el marco de la contra-ofensiva mediática existe una marcada estrategia: instalar la idea y la sensación de que Kirchner y Cristina sonmalos y que se rodean de tipos oscuros y perversos (D´Elía, Moreno, De Vido, Jaime, etc.) conformando un gobierno “más corrupto que el de Menem” como le dijo hace un tiempo Ernesto Tenembaum a Agustín Rossi. Partiendo de ese lugar dirigentes opositores como Solanas o Cobos buscan diferenciarse mostrándose como la alternativa honesta, tratando de satisfacer la eternademanda de la clase media de “alguien nuevo y cristalino”. Es una demanda mesiánica: se aguarda por el arribo de un político impoluto que no despierte conflictos y no tenga amigos turbios ni acuerdos con nadie sospechado de serlo. Pero los mesías no vendrán y sólo seguirán apareciendo falsos profetas. Porque la política como ámbito de choque de diversos intereses, como correlación de fuerzas es barro. Y hasta el más intachable de los hombres para trazar el bien común donde se yuxtapone un interés particular tiene que construir poder y para eso a veces, le pese a quien le pese, tiene que bancarse tener al lado, al menos por un tiempo, a alguno de los malos. Esto no quiere decir que el fin justifique los medios, Maquiavelo bien se ocupó de aclarar que “hay medios que pueden proporcionar poder, pero no la gloria”.

Al mismo tiempo en esta época mediatizada el rol político del periodismo quedó al descubierto. Las entrevistas periodisticas ya no son entrevistas sino discusiones o charlas (según el caso) de referentes del oficialismo o de la oposición.El periodismo está en crisis porque la encrucijada entre la ideología del periodista y la del empresario dueño del medio se hace evidente y porque hay intereses materiales que le impiden a muchos cruzar la línea entre opinión hegemónica y opinión propia, que es la misma entre (mientras la Ley de Medios no se reglamente y haya una verdadera pluralidad) seguir trabajando o quedar en la calle. En este contexto, lo que está en duda es el rol del periodismo y cómo la opinión pública es construida a partir de la homogeneidad de los diferentes monopolios mediáticos, que inyectan su interés particular a lo que hacen aparecer como de interés general y no la biografía de Magdalena Ruiz Guiñazu, por caso. No importa si Morales Solá es (y/o fue) malo u Orlando Barone bueno sino que lo verdaderamente importante es dejar en claro qué intereses motorizan y defienden las cosas que dicen o hacen, rastreando cuan lejos o cerca está eso del verdadero interés común.

No trato de justificar a nadie ni de retrotraernos a la vieja zoncera del roba pero hace sino de expresar que si las nuevas generaciones queremos reivindicar la política, tenemos que hablar de política. Y dejar de hablar de los políticos

Los disidentes en Cuba
Por Atilio Borón

El debate en torno a los “disidentes cubanos” adquiere cada vez mayor intensidad.

La “prensa libre” de Europa y las Américas –esa que mintió descaradamente al decir que existían armas de destrucción masiva en Iraq o que calificó de “interinato” al régimen golpista de Micheletti en Honduras- ha redoblado su feroz campaña en contra de Cuba. Se impone, por lo tanto, distinguir entre la razón de fondo y el pretexto. La primera, y que establece el marco global de esta campaña, es la contraofensiva imperial desencadenada desde los finales de la Administración Bush y cuyo ejemplo más rotundo fue la reactivación y movilización de la IV Flota. Contra los pronósticos de algunos ilusos esta política, dictada por el complejo militar-industrial, no sólo se continuó sino que se profundizó mediante el reciente tratado firmado por Obama y Uribe mediante el cual se concede a los Estados Unidos el uso de por lo menos siete bases militares en territorio colombiano, inmunidad diplomática para todo el personal estadounidense afectado a sus operaciones, licencia para introducir o sacar del país cualquier clase de cargamento sin que las autoridades del país anfitrión puedan siquiera tomar nota de lo que entra o sale y el derecho de los expedicionarios norteamericanos a ingresar o salir de Colombia con cualquier carnet que acredite su identidad. Como si lo anterior fuera poco, la política de Washington reconociendo la “legalidad y legitimidad” del golpe de estado de Honduras y las fraudulentas elecciones subsecuentes es una muestra más de la perversa continuidad que liga las políticas implementadas por la Casa Blanca, con independencia del color de la piel de su principal ocupante. Y en esa contraofensiva general del imperio, el ataque y la desestabilización de Cuba juega un papel de gran importancia.

Estas son las razones de fondo. Pero el pretexto para este relanzamiento fue el fatal desenlace de la huelga de hambre de Orlando Zapata Tamayo, potenciado ahora por idéntica acción iniciada por otro “disidente”, Guillermo Fariñas Hernández y que será seguida, sin duda, por las de otros partícipes y cómplices de esta agresión. Como es bien sabido, Zapata Tamayo fue (y sigue siendo) presentado por esos “medios de desinformación de masas-como adecuadamente los calificara Noam Chomsky- como un “disidente político” cuando en realidad era un preso común que fue reclutado por los enemigos de la revolución y utilizado inescrupulosamente como un mero instrumento sus proyectos subversivos. El caso de Fariñas Hernández no es igual, pero aún así guarda algunas similitudes y profundiza una discusión que es imprescindible dar con toda seriedad.

Es preciso recordar que estos ataques tienen una larga historia. Comienzan desde el triunfo mismo de la revolución pero, como política oficial y formal del gobierno de Estados Unidos se inician el 17 de Marzo de 1960 cuando el Consejo de Seguridad Nacional aprueba el “Programa de Acción Encubierta” contra Cuba propuesto por el entonces Director de la CIA, Allen Dulles. Parcialmente desclasificado en 1991, ese programa identificaba cuatro cursos principales de acción, siendo los dos primeros “la creación de la oposición” y el lanzamiento de una “poderosa ofensiva de propaganda” para robustecerla y hacerla creíble. Más claro imposible. Tras el estruendoso fracaso de estos planes George W. Bush crea, dentro del propio Departamento de Estado, una comisión especial para promover el “cambio de régimen” en Cuba, eufemismo utilizado para evitar decir “promover la contrarrevolución”. Cuba tiene el dudoso privilegio de ser el único país del mundo para el cual el Departamento de Estado ha elaborado un proyecto de este tipo, ratificando de este modo la vigencia de la enfermiza obsesión yankee por anexarse a la isla y, por otro lado, lo acertado que estaba José Martí cuando alertó a nuestros pueblos sobre los peligros del expansionismo norteamericano. El primer informe de esa comisión, publicado en 2004, tenía 458 páginas y allí se explicitaba con gran minuciosidad todo lo que se debía hacer para introducir una democracia liberal, respetar los derechos humanos y establecer una economía de mercado en Cuba. Para viabilizar este plan se asignaban 59 millones de dólares por año (más allá de los que se destinarían por vías encubiertas), de los cuales 36 millones estarían destinados, según la propuesta, a fomentar y financiar las actividades de los “disidentes”. Para resumir, lo que la prensa presenta como una noble y patriótica disidencia interna parecería más bien ser la metódica aplicación del proyecto imperial diseñado para cumplir el viejo sueño de la derecha norteamericana de apoderarse definitivamente de Cuba.

Dicho lo anterior se impone una precisión conceptual. No es casual que la prensa del sistema hable con extraordinaria ligereza acerca de los “disidentes políticos” encarcelados en Cuba. Pero, ¿son “disidentes políticos” o son otra cosa? Sería difícil de decir que todos, pero con toda seguridad la mayoría de quienes están en prisión no se encuentran allí por ser disidentes políticos sino por una caracterización mucho más grave: “traidores a la patria.” Veamos esto en detalle. En el célebre Diccionario de Política de Norberto Bobbio el politólogo Leonardo Morlino define al disenso como “cualquier forma de desacuerdo sin organización estable y, por tanto, no institucionalizada, que no pretende sustituir al gobierno en funciones por otro, y tanto menos derribar el sistema político vigente. El disenso se expresa sólo en el exhortar, persuadir, criticar, hacer presión, siempre con medios no violentos para inducir a los decision-makers a preferir ciertas opciones en lugar de otras o a modificar precedentes decisiones o directivas políticas. El disenso nunca pone en discusión la legitimidad o las reglas fundamentales que fundan la comunidad política sino sólo normas o decisiones bastante específicas.” (pp. 567-568) Más adelante señala que existe un umbral el que, una vez traspasado, convierte al disenso, y a los disidentes, en otra cosa. “El umbral es cruzado cuando se ponen en duda la legitimidad del sistema y sus reglas del juego, y se hace uso de la violencia: o cuando se incurre en la desobediencia intencional a una norma; o, por fin, cuando el desacuerdo se institucionaliza en oposición, que puede tener entre sus fines también el de derrumbar el sistema.” (p. 569) En la extinta Unión Soviética dos de los más notables disidentes políticos, y cuyo accionar se ajusta a la definición arriba planteada, fueron el físico Andrei Sakharov y el escritor Alexander Isayevich Solzhenitsyn; Rudolf Bahro lo fue en la República Democrática Alemana; Karel Kosik, en la antigua Checoslovaquia; en los Estados Unidos sobresalió, al promediar el siglo pasado, Martin Luther King; y en el Israel de nuestros días Mordekai Wanunu. científico nuclear que reveló la existencia del arsenal atómico en ese país y por lo cual se lo condenó a 18 años de cárcel sin que la “prensa libre” tomara nota del asunto.

La disidencia cubana, a diferencia de lo ocurrido con Sakharov, Solzhenitsyn, Bahro, Kosik, King y Wanunu, se encuadra en otra figura jurídica porque su propósito es subvertir el orden constitucional y derribar al sistema. Además, y este es el dato esencial, pretende hacerlo poniéndose al servicio de una potencia enemiga, Estados Unidos, que hace cincuenta años agrede por todos los medios imaginables a Cuba con un bloqueo integral (económico, financiero, tecnológico, comercial, informático), con permanentes agresiones y ataques de diverso tipo y con una legislación migratoria exclusivamente desarrollada (la “Ley de Ajuste Cubano”) para la isla y que estimula la migración ilegal a Estados Unidos poniendo en peligro la vida de quienes quieren acogerse a sus beneficios. Mientras Washington levanta un nuevo muro de la infamia en su frontera con México para detener el ingreso de inmigrantes mexicanos y a los procedentes de Centroamérica, concede todos los beneficios imaginables a quienes, viniendo de Cuba, pongan pie en su territorio. Quienes reciben dinero, asesoría, consejos, orientaciones de un país objetivamente enemigo de su patria y actúan en congruencia con su aspiración de precipitar un “cambio de régimen” que ponga fin a la revolución, ¿pueden ser considerados “disidentes políticos”?

Para responder olvidémonos por un momento de las leyes cubanas y veamos lo que establece la legislación en otros países. La Constitución de Estados Unidos fija en su Artículo III, Sección 3 que “El delito de traición contra los Estados Unidos consistirá solamente en tomar las armas contra ellos o en unirse a sus enemigos, dándoles ayuda y facilidades.” La sanción que merece este delito quedó en manos del Congreso; en 1953 Julius y Ethel Rosenberg fueron ejecutados en la silla eléctrica acusados de traición a la patria por haberse supuestamente “unido a sus enemigos” revelando los secretos de la fabricación de la bomba atómica a la Unión Soviética. En el caso de Chile, el Código Penal de ese país establece en su Artículo 106 que “Todo el que dentro del territorio de la República conspirare contra su seguridad exterior para inducir a una potencia extranjera a hacer la guerra a Chile, será castigado con presidio mayor en su grado máximo a presidio perpetuo. Si se han seguido hostilidades bélicas la pena podrá elevarse hasta la de muerte.” En México, país que ha sido víctima de una larga historia de intervencionismo norteamericano en sus asuntos internos, el Código Penal califica en su artículo 123 como delitos de traición a la patria una amplia gama de situaciones como realizar “actos contra la independencia, soberanía o integridad de la nación mexicana con la finalidad de someterla a persona, grupo o gobierno extranjero; tome parte en actos de hostilidad en contra de la nación, mediante acciones bélicas a las órdenes de un estado extranjero o coopere con este en alguna forma que pueda perjudicar a México; reciba cualquier beneficio, o acepte promesa de recibirlo, con en fin de realizar algunos de los actos señalados en este artículo; acepte del invasor un empleo, cargo o comisión y dicte, acuerde o vote providencias encaminadas a afirmar al gobierno intruso y debilitar al nacional.” La penalidad prevista por la comisión de estos delitos es, según las circunstancias, de cinco a cuarenta años de prisión. La legislación argentina establece en el artículo 214 de su Código Penal que “Será reprimido con reclusión o prisión de diez a veinticinco años o reclusión o prisión perpetua y en uno u otro caso, inhabilitación absoluta perpetua, siempre que el hecho no se halle comprendido en otra disposición de este código, todo argentino o toda persona que deba obediencia a la Nación por razón de su empleo o función pública, que tomare las armas contra ésta, se uniere a sus enemigos o les prestare cualquier ayuda o socorro.”

No es necesario proseguir con esta somera revisión de la legislación comparada para comprender que lo que la “prensa libre” denomina disidencia es lo que en cualquier país del mundo -comenzando por Estados Unidos, el gran promotor, organizador y financista de la campaña anticubana- sería caratulado lisa y llanamente como traición a la patria, y ninguno de los acusados jamás sería considerado como un “disidente político.” En el caso de los cubanos, la gran mayoría de los llamados disidentes (si no todos) están incursos en ese delito al unirse a una potencia extranjera que está en abierta hostilidad contra la nación cubana y recibir de sus representantes -diplomáticos o no- dinero y toda suerte de apoyos logísticos para, como señala la legislación mexicana, “afirmar al gobierno intruso y debilitar al nacional.” Dicho en otras palabras, para destruir el nuevo orden social, económico y político creado por la revolución. No sería otra la caracterización que adoptaría Washington para juzgar a un grupo de sus ciudadanos que estuviera recibiendo recursos de una potencia extranjera que durante medio siglo hubiese acosado a los Estados Unidos con el mandato de subvertir el orden constitucional. Ninguno de los genuinos disidentes arriba mencionados incurrieron en sus países en tamaña infamia. Fueron implacables críticos de sus gobiernos, pero jamás se pusieron al servicio de un estado extranjero que ambicionaba oprimir a su patria. Eran disidentes, no traidores.

FUENTE: NOTAS DE FACEBOOK DEL CLUB DE LA POLÍTICA

domingo, 7 de febrero de 2010

POLÍTICA POR INTELECTUALES

ENTREVISTA A SAMUEL CABANCHIK Por Jorge Fontevecchia

—¿De qué sirve en la política ser profesor de Filosofía contemporánea, Filosofía del lenguaje y Fundamentos de filosofía?
—Me sirve para adoptar un punto de vista pretendidamente equilibrado entre lo reflexivo y lo activo. Para no mimetizarse con el entorno ni estar desapegado. Formar parte y sin embargo tener un punto de vista crítico.
—¿Los políticos están ensimismados y pierden la distancia necesaria para mirar con cierto grado de objetividad su actividad?
—Sí. En general tienden a estar como en un escenario, en el centro de la escena y a pelearse por ese lugar. El rating también domina los comportamientos más espontáneos de la dirigencia política.
—¿Se podría hacer realidad en la Argentina la idea platónica del rey filósofo?
—Así como fue concebida, lo veo muy difícil. Somos bastante débiles como sociedad. Tenemos al mismo tiempo un enorme potencial virulento y de invención individualista, de corrimiento hacia los extremos de la anarquía o de la sumisión más sumisa.
—Usted escribió que “en el argentino convive sin vincularse coherentemente el individualista y el corporativista. El primero es celoso de sus derechos, incluso altivo, orgulloso de ser argentino en tiempos no muy remotos. El segundo, en cambio, es indiferente al estado de derecho. Suele pedir ‘mano dura’ y permanece pasivo de cara a la solidaridad y a la responsabilidad con los asuntos públicos, convirtiéndose en un instrumento dócil del poder corporativo, mientras se beneficie personalmente con ello”.
—Las grandes expresiones políticas de la historia argentina expresan esa bipartición o polaridad entre peronismo y antiperonismo. En el peronismo conviven, también, ambas expresiones. Y según predominen la una o la otra, será el resultado. El peronismo es la expresión política más acabada de esa tendencia al corporativismo en la Argentina.
—¿El individualista sería el no peronista?
—El individualismo no ha encontrado muy bien su expresión política en la Argentina. Tal vez un liberalismo maduro, equilibrado, expresaría cierto individualismo. Pero pareciera que el individualismo se expresa a veces en la Argentina como la antipolítica. Convive con el autoritarismo más feroz, como fue en la dictadura. Alguien puede pretender estar refugiado en su individualismo y sin embargo estar sometido a una feroz dictadura. Falta, quizás, una expresión que respete mejor el individualismo.
—Para Platón, había que dedicarse a la política recién en la madurez, que la situaba en los 50 años. Usted asumió como senador prácticamente a esa edad, a los 49 años. ¿Siguió su consejo?
—La vida siguió el concepto de Platón.
—¿Y es eficaz la metáfora platónica de que el Estado es como un barco y su conductor es como su capitán?
—Es bastante buena, tiene muchas resonancias. Un navío en tránsito necesita un conductor que tenga un saber técnico. Debe tener incorporado completamente su mando. Es la posición que debe tener el decididor máximo en una estructura política. No puede seguir un manual de instrucciones. No todo depende de él y de su tripulación, porque está expuesto a las fuerzas de la naturaleza. El tema de la fragilidad, el tema de que la vida y la muerte dependen en ese momento de la perfección con que se ejerza lo que se debe hacer.
—Mucho respeto por la contingencia.
—Mucho.
—¿Hacen falta conocimientos, como creía Sócrates, para hacer el bien?
—Toda la tradición socrática o platónica asocia la ética al conocimiento. Yo tengo dudas, y también tengo dudas de la corrección de la asociación platónica entre poder y saber. El rey filósofo es el que más sabe, debe ser el que más puede, por decirlo así. Eso cambió desde la Modernidad. Al conductor del Estado hobbesiano no le importa saber. Así que es dudoso que el saber juegue un papel tan central en el ejercicio del poder.
—¿Cuál sería el aporte suyo, el de un filósofo en el Senado, sino el de reconciliar bien y saber, y saber y poder?
—Creo en el equilibrio, tanto concebido en términos de Platón, como de Aristóteles o de Spinoza. El equilibrio en el que el bien, o la práctica ética, y el conocimiento armonizan espontáneamente. El conocimiento debiera ser inmanente al bien y viceversa. Pero muchas veces están divorciados en la vida. Hay personas que son prácticamente la encarnación del súmmum del bien y son ignorantes; hay personas muy ilustradas que pueden llegar a ser hasta perversas.
—Los perversos son los que gozan con el mal; a la mayoría restante que gana haciendo trampa, ¿no le gustaría ganar sin necesidad de hacer trampa, pero sus ambiciones son tan superiores a sus capacidades que necesita apelar al mal porque ignora cómo hacerlo de otra forma?
—Claro. Es patológico cuando el goce está en haber hecho trampa.
—¿A Kirchner lo definiría como patológico o como quien no tiene conocimiento suficiente para estar a la altura de sus ambiciones?
—El Kirchner público es totalmente psicopático porque se empeña en batallas que nos ponen siempre a todos los argentinos como si estuviéramos frente a que el barco se va a hundir. Es un conductor que busca la tormenta en lugar de alejarnos de ella. Busca la tormenta no porque sea el camino más corto para llegar al puerto deseado, sino solamente para gozar de la tormenta.
—¿Goza con la trampa?
—Con desafíos insensatos. El goce está en mantener la tormenta en actividad para con toda la tripulación y con él mismo dentro de ella. No sé si lo hace por ignorancia.
—Platón creía que los gobernantes debían ser personas desligadas del dinero, las propiedades y “las aficiones superfluas”. “Un mercader que busca siempre la oportunidad para realizar negocios y acumular riquezas no puede ser el encargado de gobernar”, decía. ¿Hoy en día prevalece la idea opuesta? ¿Personas como Macri o De Narváez son consideradas por la sociedad como más aptas porque tienen capacidad para hacer dinero?
—Corregiría mínimamente ese pensamiento de Platón diciendo que no es tanto si se tiene o no dinero, sino qué relación se tiene con él. Hay personas que tienen mucho dinero y viven con mucha sencillez, como si no lo tuvieran. El problema argentino, y de muchos políticos argentinos, es la avidez que motiva sus actos cotidianamente. Es ávido quien no tiene y puede ser ávido el que tiene. No tiene tanto que ver con ser rico o no serlo, sino con haber puesto eso como valor deseado.
—Usted criticó a Néstor Kirchner por la compra de los dos millones de dólares. ¿Se podría decir que por su amplio patrimonio también Kirchner es percibido como rico al estilo de Macri o De Narváez y por eso en su momento también fue valorado?
—Tal vez sí.
—¿No es valorado, para una parte significativa de la población argentina, que la persona sepa hacer dinero? No que lo tenga, lo herede, sino que sepa hacerlo.
—Que sepa hacer dinero, que sepa triunfar, ser exitoso. El exitismo de la sociedad argentina es apabullante. Somos presa del exitismo. Por eso, tal vez el rating es el motor y la razón del movimiento público.
—El rating sería una simbología sustitutiva del dinero.
—O están asociados. Ambos son motores. El dinero es fundamental, pero también podría ser sustituido por el éxito.
—¿Conoció a Carrió dos o tres años antes de ser su candidato?
—Sí, en 2003 o 2004, cuando el comienzo del Hanna Arendt. Mi amiga Diana Maffia, bien amiga de ella, fue convocada por Elisa para reunir gente para Hanna Arendt. Y ahí empezamos a reunirnos, a buscar el nombre, a hacer el instituto.
—¿Qué cree que la impulsó, conociéndolo tan poco, a ofrecerle que fuera candidato de lo más importante que tenía en su proyecto político, que era una senaduría?
—No lo sé. Por un lado, debe haber visto que yo podía ejercer este rol de una manera adecuada para sus aspiraciones acerca de lo que debe ser un senador nacional. Esa motivación racional y objetiva de las cosas es un motor de las acciones de Elisa Carrió. Y puede haber otros cálculos: a veces poner a alguien es poder no poner a otro. Esta sería una motivación práctica o utilitaria. Incorporando personas que no son de ningún riñón, uno puede aspirar a tener una relación como la que suele entablar Carrió en la construcción de su poder personal. Digamos que se trata de un vínculo “radial” con las personas, uno a uno. Es más fácil si las personas no surgen de un colectivo previamente dado, como sería mi caso. Cuando Carrió me propone participar más allá de dar clases o aportar ideas, me pregunta si estoy dispuesto a exponerme. Yo le digo que sí, que estoy dispuesto a poner el cuerpo en lo que sea necesario para esta construcción, la Coalición Cívica, y me encarga coordinar la plataforma electoral. Todo ese desbarajuste que implica hacer una plataforma seriamente es lo que me tocó hacer a mí, casi solo, sin ninguna pretensión de ser puesto en ningún cargo, y sin ninguna promesa de parte de Elisa Carrió. Pienso que ella también habrá valorado eso. El día anterior al cierre de listas, me propuso ser candidato a diputado. No me acuerdo bien en qué lugar, supongamos en el cuarto, y le dije que no. Entonces me dijo que por qué no consideraba ser primer suplente en la lista de senadores. Y le dije: “No, Elisa, yo ya estoy conforme con haber colaborado de esta manera”. Y ahí es cuando me dice: “¿Pero por qué? Incluso podrías estar de segundo titular en la lista de senadores”. Y le dije: “Dejámelo pensar”. Porque ya no podía decirle otra vez que no en esta conversación que teníamos. Razoné y me pareció que era una salida honorable, como fin del trabajo, estar en la lista de senadores.
—Y un año y medio después de asumir como senador, rompe con Carrió. ¿Por qué?
—Di por agotadas las posibilidades de contribuir dentro del espacio de lo que era entonces la Coalición Cívica. Porque no tenía ningún espacio. Es un grupo que se cierra mucho sobre sí mismo, que no cuida a la gente, que no crece con la gente que se incorpora al proyecto. Era muy difícil para cualquiera, y lo prueba el devenir de las cosas, porque no es que haya otras personas que se sumaron al espacio y que hoy contribuyan de un modo decisivo a las políticas de la Coalición Cívica.
—¿A qué atribuye la repetición de casos similares con otros legisladores como los de Tierra del Fuego o la propia gobernadora; u Olivera, que ahora volvió al radicalismo, o Stolbizer o Macaluse?
—Es el modo en que Elisa Carrió puede y quiere hacer política. Elisa es muy valiosa. Ha contribuido a elevar el nivel de la política en la Argentina. Pero me parece que no es una persona que construye poder colectivo, aun cuando ella se pusiera en el lugar de la conducción de ese poder colectivo. Su poder es un poder personal que recae sobre su propia subjetividad. Eso no tiene espacio para compartir. Ya que hemos pasado por la palabra goce, por la palabra psicopatología, si hemos rozado algo la aplicación del psicoanálisis a este tipo de cuestiones, podemos aplicarlo también a este caso. De una manera muy prudente y ecuánime, al decir que hay una relación que uno tiene con la castración o con la falta, como se dice en el lenguaje psicoanalítico. Y es muy notable que muchas veces, no siempre, Elisa Carrió encuentre sus posibilidades de desarrollo político diferenciándose de casi todos o poniéndose en contra de casi todos. Eso hace que no sea el instrumento de una construcción colectiva que pueda ser mayoría, porque justamente se está diferenciando y encuentra la motivación de su acción política en ello. Incluso en una situación como el fallecimiento de Alfonsín… Se puede decir que no quiso usar la muerte de nadie para robar cámara. Pero eso puede encubrir que no quiero ser “uno más” de los que lloran ante ese cadáver. Fue, pero estuvo más bien en la sombra, no formó parte de un conjunto que lloró conjuntamente.
—¿Cuál es la relación de Carrió con la castración?
—Sería tener que provocar siempre la falta, porque se le completa algo. Ella tiene que descompletar constantemente lo que encuentra completo. Eso completo es “fobígeno”, insoportable. Entonces hay que escapar de ello descompletándolo con uno mismo. Ella se resta de un todo que se arma previamente, y que ella sostiene como todo.
—¿Habló alguna vez con ella de esto?
—No, pero me encantaría. Yo la quiero a Carrió.
—Macaluse acusó a Lilita de integrar una secta, ¿esa definición es incorrecta?
—Totalmente incorrecta. Es lo contrario a lo que estoy diciendo. Expliquémoslo del lado humorístico ahora. Lilita es un excelente ejemplo de aquel chiste de Groucho Marx que hace suyo Woody Allen: “Nunca podría ser miembro de un club que me tenga como miembro”. Pero la diferencia es que si le hace el giro humorístico, ya empieza a ser miembro del club. Si se ríe de usted mismo de esa manera, se da cuenta de que no puede estar en esa posición. Y tiene que ser parte de algo que nunca es un todo.
—¿Ud. acusó a Carrió de discriminar a los hombres? ¿Cómo es eso?
—No es que ella discrimine a los hombres: es parte de su subjetividad. Ella ha sido pública con esos temas. En una oportunidad, dijo que ella nunca iba a criticar a una mujer. Por eso no criticaba a Cristina y sí a Néstor. Eso ya es una decisión dogmática que pasa por el género un comportamiento político. Cuando fue la presentación del Acuerdo Cívico y Social, del radicalismo y la Coalición Cívica, en el Gran Rex dijo: “Los radicales aportan los hombres y nosotras, las mujeres”. No sé cómo se habrán sentido todos aquellos que son de nuestro género y conformaban en ese momento la lista. Creo que eso señala algo que es muy profundo en Elisa, en su propia posición. Cuando estuvo muy arrinconada en el juicio que tuvo que padecer, y que por suerte ganó, en un momento muy duro para ella, una de las cosas que dijo, y estábamos en la campaña, fue: “Yo no tengo problema de ir presa. La Biblia y yo. Ella y yo nos bastamos. Además, para los hombres que hay afuera, qué más”. Ahí se fusionan muchas cosas. Lo místico, la cuestión de género, y eso fue un momento muy auténtico de su subjetividad. Porque fue un momento en que ella estaba padeciendo y creía que podía ocurrir. Eso muestra también su valentía, su entereza, todo lo positivo que hay.
—“Nosotros le aportamos las mujeres…”, pero luego elige candidatos bien parecidos. Adrián Pérez, Prat-Gay y en su momento, con diez años menos, Olivera. Todos hombres con arrastre con las mujeres. ¿Hay algo sintomático en esto?
—Sí. En ese caso hay perfiles que son compatibles con ese posicionamiento de diferencia de género que realiza. Jóvenes por un lado, y sobre todo si de alguna manera se han criado políticamente con ella, como es el caso de Adrián. Y si no, hombres que a lo mejor tienen… Enrique (Olivera) tiene esa pinta de porteño que ella muchas veces alaba, pero no deja de ser un hombre que no ejerce agresivamente la política.
—¿Dócil?
—Dócil es un poco fuerte. En todo caso, concesivos o suaves.
—¿Ese feminismo militante hace lo opuesto que el machismo, y busca al hombre-objeto, estilo muñeco o granadero, que sea más continente que contenido?
—Sí, me siento identificado con esa imagen aplicada a ella.
—¿Eso explica un partido de mujeres con hombres lindos?
—Claro. Independientemente de los valores que puedan tener, tanto las mujeres como esos hombres.
—Hizo una comparación entre Carrió y Oscar Alende, a quien su envidia por el triunfo de Alfonsín, ocupando su mismo espacio político, lo hizo ser un crítico furibundo del líder radical, cuando por las ideas que implementaba debería haber sido su aliado, y así dilapidó el millón de votos que había obtenido en las urnas. Dijo que es la consecuencia de los personalismos. ¿La Coalición Cívica puede desaparecer como el Partido Intransigente?
—Efectivamente, la amenaza o el riesgo existen… Y ya que tocamos el tema, yo voté a Oscar Alende en el 83. Y me decepcionó profundamente cuando fue tremendamente destructivo. Hago extensivo esto a mucho “progresismo” de la Argentina que le pegaba a Alfonsín como si fuera el horror mismo. Por ejemplo, recuerdo las notas de Eduardo Aliverti en Página/12, que decía que Alfonsín era peor que Videla, más o menos. Eso demuestra la patología sociopolítica autodestructiva de la Argentina. Bueno, Alende fue parte de eso, por eso me decepcionó profundamente.
—¿Es comparable lo de Alende con Alfonsín con lo que le sucedía a Lilita con Kirchner, quien implementó varias de las propuestas de Carrió, como la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y le “cooptó” dirigentes?
—Tal vez algo. Pero hay diferencias importantes. Lo que Elisa repudia de lo que Kirchner representa está asociado al tema de la corrupción, de lo antirrepublicano. ¿Qué contraste auténtico podría establecer Alende con Alfonsín por aquel entonces? Eran todas semejanzas. Mientras que hay un contraste auténtico que Carrió puede establecer con Kirchner, que tiene que ver con esto de la corrupción y lo antirrepublicano.
—Roger-Gérard Schwartzenberg escribió en “El estado espectáculo” que la política se representa hoy con la misma lógica del teatro, el cine o la televisión. Pero, al asumirse esa misma lógica, corre sus mismos riesgos, que es que el mayor pecado es aburrir. ¿Puede ser que la pérdida de aprobación de Carrió sea el resultado de lo mismo con que cautivó a la audiencia, su estilo rebelde y frontal, que por la lógica del espectáculo, al repetirse cansa y aburre?
—Totalmente. Agregando que eso, evidentemente, nos cabe a todos en el sentido de que si la lógica de la construcción de la política en la Argentina es video-política, es más mediática, va a pasarle a cualquiera. Bastó que De la Rúa diga “dicen que soy aburrido” para que convirtiera lo negativo en positivo.
—El teorema de Baglini prescribe que cuanto más cerca del poder se encuentra un dirigente, más racional se vuelve; y cuanto más lejos, más principista e intransigente. Ahora Carrió salió a criticar a Binner acusándolo de rendirse a la caja de Kirchner. Lo mismo había sucedido con Fernanda Ríos, la gobernadora de Tierra del Fuego. ¿Se podría decir que al no asumir responsabilidades ejecutivas, Carrió puede darse el lujo de criticar sin consecuencias, mientras que sus propios candidatos, al ser elegidos, deben tener una postura más concesiva con el Gobierno nacional para construir gobernabilidad?
—Efectivamente, cuanto más cerca se está del poder la racionalidad tiene que aumentar. Tienen que aumentar el cálculo, la prudencia, los equilibrios, el negociar principios, porque hay que acordar cosas, tolerar. Si se trata de razones: sí, de acuerdo con el teorema de Baglini. Y en ese caso se aplicaría perfectamente a la situación de Carrió. El problema lo veo en la posición de ser juez absoluto, de lo correcto e incorrecto de cada conducta de cada dirigente…
—La dueña del canon.
—Claro. Yo creo que eso es un problema porque no puede sostenerse. ¿Es mejor o peor Binner que Felipe Solá? Es insensato pensar que es mejor o peor. Son diferentes, cada uno aporta lo suyo. Por dar dos ejemplos cualesquiera. Cobos parecería el enemigo público número 1, ¿pero es peor que Kirchner? ¿Con relación a qué sería mejor o peor? ¿A la competencia? Seguramente Carrió pudo haber sido jefa de Gobierno. Y ella lo sabe. Pero no quiso. Tal vez no quiso por eso, es coherente. El mantener la pureza de ese canon requiere no ocupar espacios de poder y no comprometerse con ser parte de esto.
—Desde dentro de la Coalición Cívica usted se opuso a que Prat-Gay encabezara las listas de diputados en la última elección. Sostuvo que Carrió debía hacerlo. Tras el resultado, ¿cuál es su evaluación?
—Mi posición era que Elisa Carrió debía exponerse de la mejor manera posible, o no exponerse. Es decir: no formar parte de la lista para preservarse como candidata presidencial, o encabezar. No veía nada sensato en que fuera tercera en una lista.
—¿A qué atribuye que haya salido tercera cuando dos años antes salió primera?
—A varias cosas. Una es que, al haber ido ella tercera, le hizo perder fuerza a la propuesta. No había una confrontación Michetti-Carrió-Solanas. Después el desgaste en el medio, una campaña un tanto errática. La falta de claridad en el mensaje y en lo ideológico también. El factor novedad y aburrimiento del que hablaba antes. Solanas apareció ahora como un factor de la novedad, al que le puede pasar lo mismo con cualquier otro. Michetti misma, que entró en caída libre, fue a los votos de Solanas en lugar de volver a los votos de Carrió. El electorado de la Ciudad de Buenos Aires es poco fiel, digamos.
—¿No simbolizaba también Prat-Gay el factor novedad?
—Pudo haber sido pero, lamentablemente, ahí viene la cuestión destructiva. Prat-Gay es un hombre con muchas condiciones, lo era entonces y lo es ahora. Pero Elisa Carrió, tratando de hacer humor tal vez, pero un humor peligroso, decía: “¿Usted vio en las fotos qué lindo sale, junto con Gilabert y conmigo, que parecemos los padres?”. Lo reducía a ser “el hijo de”, a ser el nene. Es decir, lo debilitaba. Provoca como efecto en el votante una especie de debilitamiento de la figura que encabeza. Porque no encabeza si es el hijo de los otros. Y hoy no lo han preservado a Prat-Gay. Era el mejor escenario para él, en esta bicameral, porque él fue presidente del Banco Central, y un presidente valorado. Es un hombre conocedor del tema, alguien al que había que dejarlo lucirse y no aceptar que la prensa dijera que lo estaban obligando a votar tal o cual cosa. ¿Qué mensaje se transmitió al respecto? “Más allá de lo que él crea o piense, tiene una obligación que cumplir, y la obligación que cumplir le decimos nosotros cuál es”. Ese “nosotros” está dicho por Carrió y su mesa chica, por decirlo así.
—¿Los hombres “suaves” a los que se refirió anteriormente?
—Es algo que nunca le vi hacer ni con Patricia Bullrich, ni con Margarita Stolbizer. Incluso el distanciamiento con Margarita Stolbizer se da con otra dinámica. Como más entre iguales.
—Usted rompió con Carrió, pero no con el Acuerdo Cívico y Social, concretamente con Julio Cobos. ¿Es así?
—Parcialmente. No rompí con el Acuerdo Cívico y Social porque eso estaba recientemente conformado y es una expectativa aún vigente. A diez días de la elección me parecía que era muy importante decirle al electorado: “Yo no me moví del lugar en donde estoy, de la identidad que intento representar, que Elisa Carrió vio que yo representaba o podía representar”. Obviamente, sigo allí. Y ese “allí” era el Acuerdo Cívico y Social en ese momento. Hoy ya no lo sé tanto por su debilitamiento. No pensé en Cobos con relación a esta situación (en julio de 2009). Como se había alejado del radicalismo y el radicalismo es el componente central del Acuerdo Cívico y Social, Cobos estaba lejos del Acuerdo Cívico y Social. Ha venido deviniendo eso en la medida en que el radicalismo dice: “Bueno, podés volver en ciertas condiciones”. Y Cobos dice: “Quiero volver en ciertas condiciones”. Y empieza a haber un acercamiento entre el radicalismo y Cobos.
—Sí, como se sospecha, Carrió quisiera romper el Acuerdo Cívico, ¿podría ser porque teme ser derrotada en una interna con Cobos?
—Esa explicación es razonable. Pero la amenaza a la posibilidad del Acuerdo Cívico y Social como una alternativa seria de una nueva mayoría para las próximas elecciones no veo que provenga necesariamente, o exclusivamente, de Carrió. Hay un problema de cohesión interna, de que no se avanza en ella seriamente y porque no se toman decisiones que me parecen fáciles de tomar. Primero, construir una mesa chica de conducción colegiada entre los referentes que deben contar en ese espacio y que le dan identidad. Y en segundo término, tener grupos de cuadros técnicos que conformen ya una masa crítica de ideas y de compromisos únicos.
—¿No puede haber Acuerdo Cívico si están todos en desacuerdo?
—El Acuerdo Cívico es un desacuerdo, están en desacuerdo en casi todo: Aerolíneas, AFJP, asesorar o no por lo del Bicentenario. Incluso entre la UCR y Cobos hay desacuerdo por Redrado. —¿Hizo bien Cobos en votar como lo hizo en el caso de los fondos del Bicentenario?
—Me cuesta decir si hizo bien o no. Ya en el baile, había dos posibilidades para Cobos. O no dar el consejo, tomando la renuncia de Redrado como definitiva y listo, o dar este consejo de que no había objeciones para que Redrado deje de estar al frente del Banco Central. En el contexto político actual de tanto desgaste entre Presidenta y vicepresidente, creo que hubiera sido peor...
—Carrió, junto al peronismo disidente, salió a pedir una comisión que investigue las responsabilidades del Banco Central en los últimos años como copartícipes de las políticas inflacionarias y la manipulación del INDEC. ¿No hay una contradicción en criticar a Cobos por haber votado a favor de la destitución de Redrado por lo mismo que se reclama investigar al Central? ¿El fin es hacer ruido y mostrar beligerancia para ganar espacio mediático?
—Es incongruente estar sosteniendo ambas cosas. Tenemos que investigar lo que hizo Redrado, porque sospechamos que hizo todo mal. Pero no había que destituirlo. Es consecuencia de la debilidad de la política en la Argentina, que a su vez lo es de la debilidad de la sociedad. Tenemos que encontrar resortes distintos para construir política, porque si no, vamos a estar resumidos en los narcisismos, en el efecto inmediato, más mediático.
—¿La sinceridad no se encuentra dentro de las virtudes políticas?
—No. Hay una opacidad muy grande en los comportamientos. En general hablamos del político medio, por lo menos argentino, que es con el que me toca compartir un espacio.
—¿Carrió odia a Cobos más que a Kirchner?
—En esta coyuntura parecería que el adversario fundamental a vencer por parte de Carrió es Cobos. Como cuando le pareció que Menem era el adversario a vencer, y para la segunda vuelta estaba dispuesta a apoyar a Kirchner en la elección de 2003. En contra de sus convicciones más profundas, le parecía el mal menor.
—Usted fue afiliado radical antes de entrar a la Coalición Cívica. Con esa experiencia, ¿cuál es el grado de afinidades del “panradicalismo”: los propios radicales, los cobistas, la Coalición Cívica y Carrió?
—Si el radicalismo se vuelve algo similar al peronismo, que ya no importe demasiado de dónde uno viene, que no importen demasiado las políticas que se sostienen, sino que lo único que importe sea la capacidad de llegar al poder y tenerlo, perfectamente es factible que todo eso se reúna de nuevo. Si ésa va a ser la lógica de la construcción del panradicalismo, bueno, vamos a tener dos versiones de lo mismo. Llámese peronismo o radicalismo.
—En su carta del 8 de julio, cuando se fue de la Coalición Cívica, dijo que había una pérdida de identidad. Si todos vuelven al radicalismo, ¿eso reforzaría la identidad?
—Si se vuelve para conformar nuevamente una fuerza política, que intente al mismo tiempo aceptar que se quiere el poder y que se debe preparar para ello y se debe sostenerlo con cohesión, no traicionándose a sí mismo a cada paso, como lo hizo el gobierno de De la Rúa, y está también una coherencia doctrinaria, que el radicalismo siempre celebró y al peronismo nunca le importó demasiado, entonces sí puede que haya un panradicalismo o un nuevo radicalismo fortalecido.
—Así como el radicalismo se fragmentó, ¿puede suceder que se fragmente ahora el peronismo y que dentro de un año o dos no tengamos un solo peronismo, sino un peronismo kirchnerista, o uno no kirchnerista?
—Puede ocurrir y sería muy bueno para la Argentina que no haya bajo el nombre ni de peronismo ni de radicalismo una máquina para alcanzar y conservar el poder. Creo que el peronismo está dejando de serlo porque agotó esa dinámica y se fragmenta. Pero que el radicalismo vaya a ese lugar, no lo creo factible del todo.
—Otro teorema como el de Baglini. No es una cuestión ideológica, si se está a punto de alcanzar el poder el radicalismo se peroniza, si se está a punto de perder, el peronismo se radicaliza. Si se está cerca del éxito electoral, se armoniza, concilia porque vale la pena. Si hay fracaso, ¿para qué se va a conciliar?
—Comparto, y no me parece una característica negativa de la política.
—Lo escuché usar el “ser y tener” de Sartre para definir al radicalismo como ser y al peronismo como tener. ¿Por qué?
—Sartre dijo en la cuarta parte de El ser y la nada: “Tener, ser y hacer son las tres categorías fundamentales del ser humano”. Supongamos que todos tenemos un proyecto de ser, aunque vaya al fracaso, como pensaba Sartre que debía ser siempre. Eso forma parte de la condición de nuestro hacer y también de nuestro tener. La cuestión es qué relación uno sostiene con cada una de esas categorías de nuestra condición. Ahora supongamos la categoría del tener y el poder, el tener también es poseer y es también poder sobre lo que se posee. Así que podríamos decir que es aplicable ese análisis, en términos del tener, a la situación política.
—¿Al peronismo, dice?
—Por ejemplo al peronismo. Yo creo que el peronismo no es. Los peronistas mismos lo dicen casi con humor: “Usted como no es peronista no sabe lo que es ser peronista”. Eso muestra que el peronismo no es, que sólo tiene. No le importa ser cualquier cosa, que es lo mismo que “no ser”, con tal de tener. Y el hacer está subordinado al tener. ¿Tener qué? Tener poder y acrecentarlo. El peronismo simboliza eso en la Argentina, y es esa parte corporativista de buscar cualquier camino y cualquier ventaja en contra de los demás, que le atribuyo también al argentino medio. Frente a ese predominio del tener, expresado por ese peronismo, podemos tener en el radicalismo una situación ambigua o de falta de decisión. El radicalismo también quiere tener, como es normal cuando uno busca el poder. Sólo que quiere tener, pero quiere parecer ser. Quiere mostrar que es diferente, que no quiere tener a cualquier precio, y que quiere ser el ser de lo republicano, el ser de lo bueno. Quiere unir, diríamos, el poder por el poder mismo y los valores de la buena política, que normalmente pueden asociarse a la tolerancia o la impotencia. Es decir, tiene más bien ser, o parecer ser, pero en su fondo busca el tener. Es más compleja la situación del radicalismo.
—¿Más neurótica?
—Pero también en ese sentido ha debido ser un contrapeso necesario del peronismo, que librado a su propia suerte no se diferencia demasiado de un vaciamiento completo de los contenidos. Y eso es peligroso porque es un instrumento de cualquier cosa, en última instancia. Y luego tendría un capítulo para los que sólo son. Ni hacen ni tienen. Lo que nos falta desarrollar es una expresión política fuerte del hacer, de la transformación, del proyecto frente al tener y frente al ser. Eso debería ser la izquierda, pero la izquierda argentina se ha reducido a ser y sólo ser. Ser puros, estar siempre al margen de todo compromiso, no aceptar ningún realismo. Ser como una especie de encarnación de los principios más abstractos que a uno se le ocurran. No están asociados a ninguna praxis. ¿Qué sentido tiene que su única praxis sea la de ser fuerza de choque en cualquier manifestación? Eso no es hacer trabajo de transformación con la sociedad y para la sociedad. Yo diría que la izquierda argentina peca de ser contra hacer y tener. El peronismo, de tener contra hacer y ser. Y el radicalismo, con esa complejidad neurótica de no tener, de parecer ser.
—Usted hizo comparaciones de los políticos actuales con Rosas, San Martín, Sarmiento. ¿Cómo es eso?
—Una comparación que me gusta mucho es la que recupera Héctor Alvarez Murena, un gran ensayista argentino, un hombre muy talentoso: Sarmiento, a diferencia de Rosas y de San Martín. San Martín es el Santo de la Espada, el que toma una distancia tal que para mantener su pureza no se mezcla en las cosas públicas argentinas. Entonces San Martín es el ser. Rosas es el tener, y a cualquier precio, y no le importa profundizarse en el mal, se mimetiza con el mal. Sarmiento, dice Murena, se sabía un caudillo, se sabía parte del mal, teniendo en cuenta que en algún sentido el caudillismo argentino era expresión de ese mal, pero había tomado un vuelo diferente, y supo encontrar la trascendencia a su propio mal, aceptándolo al convertirse en hombre de Estado y al tratar de proyectar a través de su acción como presidente y hombre público, además de un hombre de ideas. Tuvo los males que son achacables a Sarmiento, pero el camino no puede ser creerse el bien al margen de todo mal, ni gozar siendo parte del mal. El camino tiene que ser reconocer el mal para trascenderlo. Transcenderlo es el bien que nos es dado a los seres humanos, a seres tan complejos, materiales y contradictorios como somos.
—¿Sarmiento es hacer?
—Sarmiento sería la posibilidad de un hacer que admite que es parte de un problema y no sólo de una solución.
—¿Qué políticos actuales se identifican con Rosas, San Martín y Sarmiento?
—Elisa Carrió tiene la ventaja de ser una figura bastante transparente. Por jugada, por comprometida. Podríamos decir que aborrece el tener, pero hay algo fobígeno en ella respecto del ser. Hay un hacer, pero como es fóbico del ser, es un hacer que debe permanecer constantemente renovado, debe volver a cero cada vez. El radicalismo fue una oportunidad para su hacer y luego vino el ARI, que fue otra oportunidad. Cuando se acerca al ser, que es una parte del tener (hay que ser para tener), hay una renuncia, entonces el ARI se convirtió en Coalición Cívica. Ahora la Coalición Cívica se convirtió en ARI-Coalición Cívica. O sea, tengo que volver a cero cada vez para hacer, sin ser y sin tener. Este es un buen ejemplo. Más cerca de San Martín, en el otro extremo de Rosas, pero todavía no Sarmiento. Ojalá Elisa Carrió sea el Sarmiento que necesitamos.
—¿Y Cobos?
—No lo conozco tanto porque no se expone mucho. Cuando se exponga más podremos decirlo con más certeza. Hoy día yo diría que Cobos es una figura que quiere tener sin que se note que tiene. Quizá quiere tener sin dejar de ser.
—¿Kirchner?
—Kirchner representa claramente esa lógica del tener todo, más cerca de Rosas.
—¿Y Macri?
—No me da tampoco una imagen muy clara de cómo clasificarlo. No lo veo muy comprometido para ser transformador de ninguna clase. Me parece que no se transformó a sí mismo en un dirigente político del todo. Es un hombre de negocios que llega a la esfera pública a través del paso por Boca. Pero no deja de ser más bien un empresario, al que le cabe querer tener, como a cualquier empresario. Pero no me es muy claro en la política.
—Usted recicla para su último libro, “El abandono del mundo”, la idea de “la máquina de experiencias” de Robert Nozick. ¿Es la política la quintaesencia de una máquina de experiencias? ¿Se acercó a la política con la curiosidad de tocar ese núcleo duro?
—Tal vez inconscientemente. La máquina tiene su atractivo. Ser un filósofo en el siglo XXI, en un país como la Argentina está bien si uno no quiere ser más que un instrumento de pensamientos muertos que se transmiten sin ninguna vitalidad en un espacio al que a nadie le importa, que pueden ser muchos profesores de filosofía. Si uno no quiere reducirse a eso, lo que tiene que hacer para ser un filósofo auténtico en el mundo de hoy, no sólo en la Argentina, es ser un escéptico o alejarse de la vida pública, como aconsejaba Epicúreo.
—Usted fue más a la visión de los otros griegos para quienes la filosofía debía ser un saber práctico.
—Me comprometí. Creo en eso. Lo que pasa es que a veces, al estar capturados por la máquina de experiencias, se genera la desazón. Que la máquina de experiencias yo la pueda tomar como un momento de placer y de ocio, como prender la tele cada tanto, no está mal, es un recreo que nos damos. Pero que todo sea una máquina de experiencias es muy negativo para la vida, muy empobrecedor. La política está tomada completamente por la máquina.
—Escribió en “El abandono del mundo” que “lo siniestro es un ojo que mira sin mirada”. ¿Hay un ojo que mira sin mirada en Kirchner, en Menem, en todo aquel que busca la política como éxito?
—Sí, pero no es el ojo de él. Es el ojo del que es mirado. En realidad hay un juego raro entre el mirar y el ser mirado. Qué es la mirada. La mirada es una construcción imaginaria en la que uno se pone. Entonces la primera relación que uno tiene con la mirada es ser mirado más que mirar. Si decimos que ese comportamiento típico de la política es algo cómodo a la imagen de lo siniestro, el problema es que son mirados por un ojo que no mira.
—Usted es uno de los especialistas de Sartre en la Argentina, y Sartre fue también periodista y fundador del diario “Libération”. ¿Cree que Sartre habría votado a favor o en contra de la Ley de Medios?
—Habría votado a favor.
—¿Pero usted votó en contra?
—(Risas) Apelé a la libertad sartreana.
—¿Qué opina del enfrentamiento Gobierno-Clarín?
—Es una pelea dentro de lo mismo. Clarín no es para nada un protector del periodismo independiente o la encarnación de la virtud periodística, de la verdad y la transparencia pública. Es una gran empresa periodística que tiene muy buenos productos, y que contiene muy buenos periodistas. Pero Clarín empresa o Clarín decisor político es parte del problema, no de la solución. Sólo que el modo en que el kirchnerismo da esas batallas que pretende librar es tan torcido que termina siendo peor el remedio que la enfermedad. Porque a ese emplazamiento de máquinas de experiencias que puede ser un gran multimedio responde queriendo ser él eso con un grado de fascinación. Quizá es el ojo desde el cual se mira o en el cual se mira, y a lo mejor, en ese momento su fascinación es Magnetto. Seguramente, se fascinarán mutuamente.
—¿Con Kirchner?
—Con Kirchner o con cualquiera que tenga la concentración del poder. Porque ahí lo común es esa predominancia dentro de la lógica del poder. Me parece que se redujo a malos términos. Hay contenidos buenos en la Ley de Medios que cuando votamos artículo por artículo algunos yo los voté positivamente. Pero en el contexto y en los términos de batalla, de dicotomía, de enfrentamiento, de enemigo a enemigo que puso Kirchner en la cuestión, yo no podía votar a favor de eso.
—¿Hay algo que no le haya preguntado y quiera decir?
—Un sobreviviente de Auschwitz, que aparece en la película Shoah, de Claude Lanzmann, dice: “Quien quiere vivir está condenado a la esperanza”. Yo lo que les digo a los argentinos y a las argentinas que puedan estar leyendo esto, primero, es que como queremos vivir individual y colectivamente, y como queremos vivir como argentinos, estamos condenados a la esperanza. Pero les pediría que se sumen a convertir esa esperanza en un proyecto. Y que sume cada quien su propio esfuerzo para que haya un proyecto de nación triunfante y que nos contenga por lo menos a la mayoría de las argentinas y los argentinos. Más hacer; ser después como consecuencia, y tener como consecuencia de ese hacer.

El riesgo de un deslizamiento de la democracia al autoritarismo
Por: Guillermo O´ Donnell,
POLITOLOGO. UNSAM Y UNIVERSIDAD DE NOTRE DAME, EE.UU.

El Gobierno atraviesa las consecuencias de una concepción según la cual el presidente puede tomar las decisiones que mejor le parezcan, sin tener que someterse a límites, leyes o controles republicanos. Pero cuando las cosas van mal, los platos rotos los pagamos todos.
La actual situación de nuestro país me mueve a recordar dos hechos importantes. Uno es que las democracias no sólo mueren abruptamente, por un golpe de estado con tanques en la calle y marchas militares; también lo hacen lentamente, mediante el progresivo acotamiento de fundamentales libertades y el sometimiento de instituciones fundamentales del régimen político, hasta que un mal día uno se despierta y encuentra que ha acabado todo remedo de democracia.
El otro hecho es que algunos líderes que comenzaron como "delegativos" terminaron deslizándose al autoritarismo: Fujimori en Perú, Putin en Rusia y hoy Chávez en Venezuela. Los riesgos de muerte lenta y de deslizamiento autoritario son serios en las democracias delegativas, aunque no en todas ellas ha ocurrido. El mérito de un desenlace favorable ha correspondido fundamentalmente a sociedades civiles y políticas suficientemente densas y convencidas del valor intrínseco de la democracia, así como a instituciones estatales que se activaron para poner límites a las propensiones autoritarias. En nuestro país contamos en este sentido con condiciones claramente más favorables de las que aquéllos en los que se produjo ese deslizamiento; pero nuestra situación actual no debe dejar de ocuparnos y preocuparnos.
En escritos recientes he argumentado que nuestro país es un caso de democracia delegativa. Uso este término para diferenciarla del tipo bien conocido, la democracia representativa. La versión delegativa es una peculiar manera de entender y ejercer el poder político: supone que el hecho de su elección da al presidente/a el derecho y deber de decidir lo que mejor parece para el país; para ello toda otra institución representativa o de control es un impedimento que debe ser controlado o colonizado en todo lo que la relación de fuerzas existente permita al presidente. La versión "delegativa" es democrática porque resulta de elecciones razonablemente limpias y porque (aunque con la salvedad del riesgo de deslizamiento autoritario) respeta libertades básicas, tales como las de expresión, asociación y prensa.
Las democracias delegativas suelen surgir de una severa crisis, que provoca un generalizado anhelo de que surja un poder político capaz de resolverla. No siempre surgen democracias delegativas de estas crisis, pero cuando ocurre el presidente que resulta electo se cree y se presenta como un salvador de la patria: él sabe cómo resolver la crisis y reclama que se lo deje gobernar sin trabas. Algunos de estos presidentes (no todos, pero sí Menem y Kirchner) tienen éxito en aliviar la crisis, al menos en sus aspectos más ostensibles. En esta medida logran amplios apoyos y ratifican su convicción de que deben gobernar sin trabas. En este camino, y para recorrerlo, estos presidentes se dedican tesoneramente a subordinar al Congreso y el poder judicial, así como a erosionar la autonomía de fiscalías, contadurías públicas, ombudsman y otras instituciones de control normales en la democracia representativa. Durante este trayecto los autoproclamados salvadores de la patria no cesan de recordar la crisis precedente y amenazar que sin ellos se retornará a una crisis aún peor, de paso condenando a todo y todos que según ellos la provocaron.
Esta manera de gobernar aborrece cualquier control. Las decisiones son abruptas, inconsultas y tomadas con un pequeño círculo de colaboradores a los que se exige lealtad absoluta. Esto lo acaban pagando caro esos presidentes y, más aún y peor, sus países. Se va haciendo manifiesto que estos presidentes son víctimas de sus propios éxitos iniciales: superados los peores aspectos de la crisis, los problemas (viejos y nuevos) que se van planteando son cada vez más complejos. Para resolverlos adecuadamente, esos problemas requerirían instancias institucionalizadas, consultativas y de participación; pero este camino se bloquea debido a la erosión de esas instancias a que se han dedicado estos presidentes, junto con su convicción de que ellas son sólo "máquinas de impedir" que, para peor, suelen hallarse al servicio de siniestros intereses.
La combinación de ese estilo de tomar decisiones con problemas crecientemente complejos es garantía de comisión de gruesos errores. Esto desacredita al presidente/a, quien ve bajar verticalmente su popularidad y no puede dejar de oír críticas que se multiplican desde muy diversos ámbitos y, ya a esa altura, de un Congreso y poder judicial que dan claras señales de querer sacudir su anterior sometimiento (lo que en nuestro caso se ha acentuado marcadamente con el resultado de las elecciones de Junio del año pasado). Es notable que en estas situaciones los presidentes delegativos no retroceden o reconsideran; al contrario, cuando crece la difusión y severidad de las críticas redoblan la apuesta.
¿Por qué se interponen estos obstáculos a quienes dicen -y parecen creer¿ que nos han salvado y, autorizados por ello, reclaman poder seguir decidiendo como mejor les parece, mediante un hiper presidencialismo cada vez más marcado?
A esta altura, la explicación es mentalmente sencilla pero políticamente complicadísima: esto sólo puede deberse a "los oscuros poderes que desde siempre acechan al pueblo" y de los cuales esos presidentes nos salvaron, pero que ahora vuelven a una plena ofensiva. Parte de esta ofensiva es la oposición (toda oposición) y, por supuesto, medios de comunicación que formulan y dan eco a críticas y descontentos. Todo parece una vasta y poderosa conspiración, pústulas que se propagan, frente a la cual sólo cabe, al presidente y su círculo cada vez más reducido de colaboradores, seguir aumentando las apuestas. La polarización entre una patria encarnada por ellos y una antipatria que se manifiesta en crecientes críticas y oposiciones, ya presente en la visión inicial de los presidentes delegativos, se crispa ahora y se expresa en una opción entre "ellos o nosotros", en la que ya no caben siquiera los tibios y los indiferentes. Nuevamente, y más que al comienzo de su gestión, estos presidentes tienen que salvar la patria y el único camino es que se acalle toda voz que no parta de la cima del poder ejecutivo o no lo aclame; como esto no ocurre, la visión conspirativa se realimenta vigorosamente.
Y aquí los hechos comentados al comienzo de esta nota. Cierto, los presidentes delegativos respetan algunas importantes libertades. Pero si cuando la crisis se agudiza hasta llegar a fuertes y generalizadas crispaciones, coartar esas libertades les parece necesario para proseguir su gran causa; diversas extra limitaciones institucionales y legales, así como arbitrariedades en los márgenes de la legalidad se perpetran, porque, al parecer, la necesidad y urgencia de los problemas lo requiere o, simplemente, porque el presidente aduce seguir teniendo el derecho a decidir sin trabas, tal como bien le parece.
Mencioné que las democracias delegativas tienen tendencia a deslizarse hacia el autoritarismo, pero que afortunadamente nuestro país tiene condiciones para impedirlo, de lo que viene dando importantes muestras en los últimos tiempos. Para ello ayudaría recordar los riesgos ínsitos a las democracias delegativas y aprender que a medida que avanzan sus crisis someten a los países a severos costos e incertidumbres.
Por supuesto, queda por ver cómo se desplegarán los diversos factores en juego y, por cierto, cómo se podrán ir encarando muy importantes problemas de políticas públicas y de reformulación institucional durante un período presidencial que, a pesar de ser agudamente delegativo, nos interesa a todos los sectores democráticos que termine normalmente su mandato. En el horizonte de ese desenlace aparece la esperanza de que logremos, de una vez por todas, una democracia representativa.


Santiago Kovadloff: "La calidad institucional en la Argentina es fantasmal"

En una entrevista con lanacion.com, el filósofo dice que el país llega al Bicentenario más cerca del siglo XIX que del siglo XXI, "La legalidad es aparente y la justicia social es una deuda no saldada", sostiene; su visión de los Kirchner y la oposición


http://videos.lanacion.com.ar/video13297-kovadloff-el-bicentenario-invita-a-reconsiderar-muchos-fracasos


José Pablo Feinmann
Revista 2010 de junio
Entrevista con José Pablo Feinmann
"LOS PIES EN EL BARRO DE LA HISTORIA"
Por Maria Ines Pereita y Juan Manuel Fonrouge.

Es el pensador más importante del país. Recuperó con el inusitado y creciente atractivo de sus ideas, la posibilidad de pensar más allá de la agenda impuesta por los medios, la historia oficial y el rol de los intelectuales del medio pelo. Aquellos que venden libros lamentándose de una patria que no quieren compartir.
Cuando uno conoce a alguien a través de sus libros, no se imagina cómo será el encuentro sin páginas de por medio y sobre todo si se tiene en cuenta la personalidad de los que ejercen el violento oficio de escribir, como dijera Rodolfo Walsh. En el imaginario que se construye a priori, uno piensa que se pueden complicar las preguntas, que el estado de ánimo puede ser cambiante, o que el filósofo se negará a hablar de ciertos temas, aburrirse y cortar la entrevista. Prejuicios. En esta nota ocurrió todo lo contrario. Lo invitamos a que pase, lea y descubra al hombre que nos ayudó a recuperar el espíritu crítico de la filosofía.
Nos recibe su compañera, María Julia Berttoto, sus dos gatos, y el entrevistado, sentado en una pequeña mesa frente a una vitrina repleta de figuras felinas de distintos materiales, colores y tamaños. José Pablo Feinmann nos conduce a la reducida habitación en la que escribe; casi pensada para que nadie más entre. Las estanterías repletas de libros parecen que van a derrumbarse en cualquier momento, sepultándonos en una montaña de libros de cine, literatura y filosofía. Habla, piensa y busca libros con la mirada. Se apasiona, pero nunca pierde el hilo ni pregunta “¿de qué estábamos hablando?” Todo tiene que ver con todo para un filósofo, y las respuestas van más allá de los interrogantes.
¿Por qué creé que Occidente vuelve a recurrir al filosofo Martín Heidegger?
Desde que empieza a aparecer el estructuralismo, la izquierda francesa a mediados de los años sesenta quiere salir del marxismo, pero manteniendo una crítica a la modernidad capitalista. Esa crítica que estaba en (Karl) Marx, también estaba en Heidegger, pero desde otro punto de vista; sin plantear la lucha clases, ni la liberación de los pueblos, ni de la clase obrera. Para los intelectuales franceses había que salir del sujeto para entrar en Heidegger, porque en su libro Cartas sobre el Humanismo parte de lo que se llama el olvido del ser.
El hombre es el amo del ente, es el dominador de la naturaleza a través de la técnica, es el hombre del tecnocapitalismo. El hombre ha olvidado al ser por dominar lo óntico, lo ente. Ahí, sus seguidores de izquierda ven al hombre capitalista, que endiosa a las cosas y somete a los hombres. En Foucault no hay una teoría de la contra insurgencia, de la lucha contra el poder, sino que hace una enorme teoría de ‘el poder’, pero no como uno puede revelarse contra él.
Entonces, los alumnos de Foucault a fines de los ’70 le plantean: ‘hemos hablado mucho del poder, ¿ahora cómo luchamos contra él?’ Y a Foucault le cuesta mucho dar una fórmula, porque eso lo acercaría a (Jean Paul) Sartre, que era el filósofo de la libertad del sujeto, y para luchar contra el poder se requiere la libertad del sujeto. Foucault no quería darle relevancia a la libertad del sujeto, porque iba a caer en el sujeto de la fenomenología, que él abominaba.
Entonces, empieza ha elaborar una serie de cosas como la contraconducta y nunca llega a una teoría del contrapoder. Creo que lo de él es una filosofía de lo uno, del poder, y no llega a una filosofía de la rebelión. Y los demás no llegan a nada, llegan a la academia y no salen de ahí.
Con todo esto de la primacía de la lingüística, de la semiología, la filosofía pasa a ser parte de los departamentos de literatura; la usa la crítica literaria en un análisis de texto, no hay nada más allá del texto. Las filosofías se quedan en el texto, ya no remiten al barro de la historia, como lo hacía la filosofía sartreana; por eso Occidente recurrió a Heidegger.
¿Qué defienden los filósofos franceses de Heidegger?
Que el hombre de la técnica se ha extraviado por completo, que el dominio del mundo, de lo óntico, ha llevado al hombre al sometimiento de todas las cosas de la naturaleza, pronto a la destrucción del mundo. Heidegger dice que donde el hombre vive ya no es la Tierra. Entonces, ¿cuál es el camino del hombre? Volver al ser. Heidegger nunca dice qué es el ser. Es Dios. Siempre en la filosofía lo no fundamentado es Dios.
El hombre tiene que estar en una especie de pathos de la espera, de la escucha. Y estar ahí a la espera del llamado del ser. Lo que le contesta Adorno -estoy totalmente de acuerdo con él-, es que yo tengo el pathos de la escucha para el sufrimiento. Es un camino muy zen el de Heidegger. De hecho, él se acerca a Oriente. Este mundo va hacia el abismo.
Heidegger camina por ahí con un filósofo japonés, se acerca a un árbol y le dice que ese árbol va a servir siempre para darle sombra a un caminante cansado. Pero el tecnocapitalismo seguramente lo va a talar para industrializarlo. Y, lo que diría un tecnocapitalista, es que se puede industrializar el árbol y hacer en ese lugar una cabaña para el caminante cansado. Pero esa respuesta no la contempla Heidegger, lo que contempla es el arrasamiento de la Tierra. Los ecologistas se vuelven locos con Heidegger, y tienen razón. Es el único filósofo que se preocupa por el arrasamiento de la Tierra. Lo cual es real, no sé cuánto va a durar esto. ¿Ustedes lo han pensado? No se si va a durar 50 años. Está constantemente de moda Heidegger, que anunció este tipo de cosas, criticando al capitalismo, sin nunca hablar de una revolución. Para él, la revolución es plantarse de otro modo frente al ser y no vivir entregado al dominio de los entes.
La dialéctica materialista parte de la oposición entre el hombre y la naturaleza, que la transforma mediante el trabajo. Tanto el capitalismo como el socialismo real, creyeron en una transformación ilimitada, en un progreso ilimitado. ¿Creé que la contradicción fundamental entre capital y trabajo pasó a ser entre capital y naturaleza?
Totalmente. Incluso, coincide con La dialéctica del iluminismo, el libro de Adorno y Horkheimer que le deben mucho a Heidegger, aunque no lo digan y a La filosofía de la historia de Benjamín. Lo que hacen ellos es cambiar el eje de la lucha de clases a la relación entre el hombre y la naturaleza. Todo lo que prometía la dialéctica hegeliana, de hecho, Marx es un pensador de la técnica. ¿Qué es lo que propone Marx? Que la burguesía destruya todo. Marx se entusiasma con la burguesía, ¡la burguesía va a destruir todo! Entonces, se vuelve sarmientino. Para Marx las fuerzas burguesas tienen que arrasar todo y de ahí va a surgir el proletariado.
Lo que pidió Marx para México, que se establecieran las relaciones de producción capitalista…
Claro. Porque hubiese dicho Estados Unidos tiene que dominar México, apropiarse de California, la potencia industrial.
Cuanto peor mejor…
Cuanto peor para el débil, ¿no? Por eso apoyaba la expansión británica sobre la India, es decir la idea dialéctica. Lo perdió muchísimo a Marx la dialéctica. Lo llevó a una visión teleológica de la historia, una visión del desarrollo permanente por el cual la burguesía, en tanto conquistara lo que le era posible conquistar históricamente, y estableciera sus relaciones de producción, se generarían las condiciones para el nacimiento del proletariado revolucionario.
Cosa que no pasó. Porque todos los lugares que conquistó la burguesía los llevó al atraso, no llegó el progreso y no surgió el proletariado revolucionario. Finalmente, la gran profecía de Marx: el proletariado iba a enterrar a la burguesía nunca ocurrió, sino que la burguesía enterró al proletariado, y cada vez más. Se equivocó en eso; es mejor no ser tan profético. No así, en otras cosas, es un gran pensador. Pero en su parte profética, que le viene de la dialéctica, esa cosa de la necesidad de la historia que envenenó a toda la izquierda, que el mundo va hacia el socialismo, el “Che” Guevara, todos creían eso…
La inevitabilidad de la historia…
Lo inevitable, el proceso dialéctico lleva al socialismo. Se daba la vida por una certeza no fundada que terminó negándose. Y este es el mundo en el cual vivimos ahora, que es interesante para vivir porque tiene connotaciones apocalípticas fascinantes. Hay una cosa que (Ernesto) Laclau llama ‘polos de hegemonía’ que serían lugares donde uno podría detectar el surgimiento de respuestas al sistema de producción capitalista. Todos vemos el surgimiento de China, pero no es ninguna respuesta alternativa al capitalismo, es otro tipo de capitalismo con un sesgo más totalitario, joven y potente; pero la injusticia va a seguir y hay un peligro potente de destrucción. Hay muchos polos y todos tienen poder nuclear: India, Pakistán, Irán. Supongamos que mañana Irán arroja tres misiles nucleares sobre Israel. ¿Qué haría EEUU? Tiraría quinientos contra Irán, lo borraría del mapa. Eso llevaría a un problema muy serio sobre la seguridad de cómo vivir sobre este planeta.
¿La multilateralidad no llevó a la solución de estos problemas?
No, la multipolaridad lo complicó más. Antes eran dos los que estaban armados nuclearmente y se temían. Vivíamos una época de temor nuclear centrados en dos grandes potencias y las guerras eran de baja intensidad, muy crueles. Todas las guerras de la seguridad nacional - Vietnam, (Jorge Rafael) Videla aquí- que se daban en el tercer mundo, iban de un lado al otro arbitrando las distintas guerras. Pero nunca hubo una guerra entre EEUU y la URSS directamente. Al caer la bipolaridad de la Guerra Fría empieza a surgir una multipolaridad y aparece el Islam con las Torres Gemelas como gran símbolo: la aparición de un temible oponente. La multipolaridad ha perjudicado la seguridad del planeta.
¿Cuál cree que debe ser el rol de los filósofos e intelectuales en la actualidad?
Creo que debe ser crítico. El rol crítico establece una separación entre uno y su entorno y es muy difícil esa separación, porque todo está preparado para que uno esté mezclado en su entorno. Yo uso una fórmula de Jacques Lacan, no como la usa él, que dice que el inconsciente es el discurso del otro. Y efectivamente vivimos inmersos en el discurso del otro. Vivimos todo el día recibiendo el discurso del otro, formando nuestro inconsciente o nuestro conciente; nuestra subjetividad. La gente vive en medio de una avalancha de informaciones, de interpretaciones. En Argentina vivimos en medio de un fascismo infernal, un avance de la derecha en todo el mundo. Los medios de comunicación en lo ideológico son fascistas. Y en el aspecto del entretenimiento, también es fascista por la manera de entretener de un modo distractivo; ¡te vamos a entretener hasta reventarte, hasta volverte tarado! Esa es la función de (Marcelo) Tinelli, de los caños, culos y tetas. Caen rendidos y no hay un surgimiento de una conciencia que se aparte de eso, que se aparte del discurso del otro críticamente. Heidegger habla de la ‘existencia inauténtica’, de vivir en estado de interpretado. No interpreta nada, y es interpretado constantemente.
Hay otra fórmula de Lacan que dice que uno no domina una lengua, sino que ella lo domina a uno. Uno nace y recibe palabras y cuando empieza a hablar ¿qué tiene? Las palabras que recibió. Una lengua que uno cree que domina, pero que en realidad es dominado por esa lengua.
El hombre está entregado a las escribidurías, a las novedades, al ‘se dice’. Todo en un magma, en un mundo ya decidido, y él se incorpora a ese mundo porque es fácil. Si el mundo está decidido no tengo que sufrir, pienso lo que hay que pensar, digo lo que hay que decir, leo lo que hay que leer, paso por la vida en general tratando de ignorar un hecho fundamental, que es mi propia muerte. Woody Allen, que trabaja bien estas cosas, en su película Manhattan, reflexiona que todo esto que nos pasa, todos los problemas que nos creamos, que nos enamoramos, separamos, o volvemos a juntar, son para evitar pensar que nos vamos a morir. Es una gran reflexión. Yo también creo eso.
El hombre inauténtico crea a todo este mundo: va a laburar, enciende la televisión, lee a Dan Brown que sacó otra novela; esto de Gran Cuñado que lo ve todo el mundo (risas) ¡Van a votar al que les cayó más simpático en Gran Cuñado! No hay ideas, no se debaten ideas.
Esto nos remite a su concepto de sujeto absoluto comunicacional…
Claro. Este es el sujeto absoluto comunicacional que nos remite a los grandes grupos de comunicación. Acá hablamos del Grupo Clarín, pero a su vez éste debe ser parte de otro grupo. Uno nunca sabe finalmente para quién trabaja, para quién escribe.
¿Podría hacer una breve ontología de la clase media argentina?
Es una clase que no tiene grandeza. La clase media es lo que no quiere ser; no quiere ser clase media porque quiere ser clase alta, pero tampoco es lo que no quiere ser, que es ser clase baja. ¿Qué es? Es eso y no va a salir de ahí. No va a ser lo que quiere ser y, sí posiblemente, va a ser ese terror que tiene de ser pobre. Y esto la vuelve asustadiza y en tanto es asustadiza, se vuelve muy tendiente al fascismo. Todo avance de los negros es para la clase media algo terrible: ‘los negros nos van a unir a ellos y nosotros nos queremos correr siempre a la derecha, pensar como la derecha, comer donde come la derecha, manejar los modismos de la derecha’.
Es una clase insolidaria, muy cobarde y que tuvo aquí un gran momento que fue el de la juventud peronista, un curioso fenómeno de muchachos de clase media que se revelaron contra sus familias. Hay una frase muy graciosa de Perón que dice: ‘ahora vamos a ganar porque votan las mujeres, y no saben cuándo voten los jóvenes’, en el año ’52.
Los pibes de ese momento que se criaron escuchando atrocidades contra Perón se volvieron peronistas. Toda generación se revela contra sus padres. Esa generación de clase media en esa coyuntura histórica se hizo muy militante y participó de la guerrilla, y admiró, para mi juicio, excesivamente las acciones armadas, pero tuvo también una gran pasión militante, tuvo tipos brillantísimos como Juan Abal Medina o Esteban Righi, que a los 34 años dio ese discurso memorable a la policía. ¡Un tipo que reúne a todos los comisarios y les dice: ustedes no crean que de ahora en más no tienen que guardar el orden.Lo único que pasa es que el orden que tienen que guardar, cambió! (risas) Y después dice: ‘ninguna vejación será tolerada’. Ese discurso sirvió a través de los años para decir ‘qué delirios en este país, Dios mío... estaban todo locos’. Y es verdad, duraron 47 días y vino Perón a cagarlos. Y ese discurso de Righi lo había leído (Héctor) Cámpora, lo que habla de la posibilidad de transformación de un individuo. Yo hablo mucho con Juan Abal Medina padre -porque está el hijo que es brillantísimo- y él me decía dos o tres frases que eran de Cámpora. Y vos fíjate quién decía esto (risas) ¡Cámpora! A ese tipo yo lo adoro, porque del mediocre adulón de los ’50, lee el discurso de Righi. Es fantástico que eso lo haya hecho Cámpora.
Cámpora podría haber sido una buena síntesis para la etapa…
Claro, era una muy buena síntesis. Pero para los militares, empresarios, la Iglesia, era pura subversión. Al día siguiente del discurso de Righi una organización de comisarios le manda una carta que dice: ‘lo que usted está haciendo es desalentando a la policía para posibilitar el asalto rojo final’. Esa era la verdadera Argentina.
¿Cómo interpreta el concepto de populismo? ¿Cree que hay que revalorizarlo, resignificarlo y aceptarlo como un concepto válido para entender el proceso político?
Creo que sí, porque les preocupa mucho el populismo. En estos momentos no hay otro concepto. Otro sería el de revolución, que sería expropiar a la burguesía y eso lo puede proponer el Partido Obrero. Pero un camino que está haciendo América Latina es el del populismo, que es un Estado intervencionista, distributivo, el Estado latinoamericanista que se ocupa de cuidar los intereses del pueblo e intentar una distribución de la riqueza.
Viste lo que fue acá intentarla el año pasado. Por un tres por ciento estalló el país. La Argentina parece ser un país difícil para esto, muy facho en ese sentido. Pero hay una posible distribución de la riqueza en asfaltar calles, construir casas…
Que lo haga el Estado a través de la recaudación, pero no distribuyendo la renta privada…
El Estado lo va a poder hacer, pero no poner las manos en el bolsillo a ninguna clase empresarial. Además, la gente salió a defender a estos tipos, por más que haya sido mal interpretado; todas esas son excusas, ¡concretamente se les trató de sacar un tres por ciento, y casi tiran al gobierno! Yo creo que si Cobos votaba a favor había una revolución en ese momento. Cobos es un traidor, pero hizo algo que frenó…
¿Creé entonces que, efectivamente, hay una estrategia destituyente?
Sí. Creo que si esa noche ganaba el gobierno salían estos locos con los tractores. ‘Tenemos armas, tractores, camiones, tenemos bases’, y uno dice ¡estos se van a venir sobre Buenos Aires!, más la belicosa clase media porteña… chantas…
¿Creé que el peronismo sigue siendo imprescindible para pensar un proceso transformador? ¿El peronismo sigue siendo el hecho maldito del país burgués?
No, eso está muerto. El peronismo es el hecho maldito del país. Ya no del país burgués. Si hubiera país burgués habría una burguesía productora, que daría trabajo, que crearía un mercado interno, y no hay nada de eso. Finanzas, dinero que se hace con dinero, y después el monocultivo de estos tipos de la soja que son unos atorrantes, de liquidar terrenos y alzarse con todo. Y el peronismo… no existe el peronismo. Es un aparato que está conformado por intendentes, punteros, políticos, la mafia, la droga, la prostitución y la delincuencia respaldada por la policía. Lo que se puede hacer es lo que hace (Néstor) Kirchner de decir: “bueno, yo me meto en la mierda y discuto con estos tipos codo a codo”. Y lo hizo. Creo que el tipo es muy bravo. A mí no me gusta esa política, pero qué sé yo.
En el mundo de hoy, Kirchner al lado de todos los otros, es una especie de tanque German de la política, que es capaz de entrar rompiendo todo, enfrentando al duhaldismo y a las mafias, y afanándose lo que se quiere afanar; él es como Ringo Bonavena y Cristina sería Cassius Clay. Él es el pegador, tosco pero que embiste y ella hace la política más superestructural; inteligente, brillante, y no sé con qué presidente la podemos comparar…Perón en los primeros años. Es incomparable. Piensa muy bien, habla con mucha fluidez, tiene humor, y se ve que se han dividido los roles. Ella no se mete en la jungla, en la jungla se mete el otro, que es divertido.
A mí me divierte cuando dice: “Qué te pasa Clarín”, (imita la voz de Kirchner); es espectacular, es un loco…No tienen una oposición. A mí no me atraen ninguno de los otros como ellos dos y como la gente que tienen, como (Juan Manuel) Abal Medina, el mismo Aníbal Fernández que es muy lúcido. Me contaron que le dijo a Magdalena Ruiz Guiñazú: “no se ponga medias de seda que la foto es de carnet” (risas). Hay muchos tipos así en el gobierno. Tristán Bauer con el canal Encuentro, con toda esa gente trato para hacer el programa de filosofía. Si no estuvieran, ¡mi programa de filosofía… las pelotas!
En estas elecciones, ¿creé que es desde esta contradicción desde donde habría que pensar el voto?
Sí, habría que pensar el voto desde dos opciones que están bien diferenciadas. La opción populista, latinoamericanista de sí al Mercosur, no al Alca, la estatización de las AFJP, la posibilidad de una distribución del ingreso; y, del otro lado, el neoliberalismo, el Alca, la relación de sometimiento con EEUU, el dólar y la relación con los organismos financieros. Son dos proyectos opuestos, por algo atacan tanto; es el Estado intervencionista lo que no se bancan.
Por último, ¿creé que van a descongelar a Walt Disney y que volverá como un Mesías?
(Risas) Es muy posible, si les hace falta, pero todavía no sé para qué lo pueden necesitar.
Yo creo que efectivamente a Walt Disney lo tienen en algún lugar y ya deben disponer de la tecnología para revivirlo. Sería demasiado espectacular. Hay un texto de Heidegger que se llama: Pronto haremos al hombre. Y cuando hagamos al hombre nos va a reventar la cabeza.
fuente: http://jmfonrouge.blogspot.com/2009/06/entrevista-con-jose-pablo-feinmann.html

EL TERCER TRIUNVIRATO
TOMÁS ABRAHAM
Desde el punto de vista de la calidad institucional este gobierno ha sido decididamente malo. Cuando hablo de “este gobierno” me refiero al que comenzó en el año 2003. Nació con un veintidós por ciento de votos, por debajo del ex presidente Carlos Menem, y llegó al poder por el retiro de éste último. De todos modos en la primera parte de la gestión Kirchner atravesó el período más bien que mal y sólo tuvo que soportar las acusaciones de voluntad hegemónica y clientelismo que le prodigaba la oposición y alguno que otro medio de comunicación, por supuesto que Clarín no, el escudo mediático que lo protegía.
Luego en vísperas del fin del primer mandato hubo elecciones abiertas a puertas cerradas en Olivos y decidió la familia patagónica que la esposa del mandatario fuera la próxima presidenta si el pueblo así lo quería. Y así se quiso.
Cristina Fernández durante su campaña se apoyó en dos sólidas columnas para mostrar su diferencia con el antecesor. Una fue la calidad institucional y la otra la apertura al mundo. Lo hizo porque sabía que flaqueba por ambos costados. Respecto de la calidad institucional vimos con sorpresa como en dos años el oficialismo se mofó de la letra y del espíritu de la ley con tretas, travesuras, picardías, chanzas y toda la gama de la viveza nacional. De aquella promesa de mejora republicana no quedó nada. Con respecto a la apertura al mundo, recién ahora se intenta hacerlo del único modo en que la Argentina está destinada a realizarlo: pagando.
Por supuesto que cumplir con ciertos compromisos financieros no será suficiente. Nuestro país tiene con el llamado mundo una relación conflictiva de larga duración. Si tomamos en cuenta que parte de la cultura nacional aún no quiere reconocer el legítimo triunfo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, podemos apreciar el trecho que aún queda para tratar de mejorar no sólo la imagen sino la realidad que presenta nuestro país luego del terrorismo, las torturas, los desaparecidos, las Malvinas, el default, el desparpajo con el que se desconocen los compromisos, los contratos no respetados y los primeros puestos del rating en la escala de la corrupción.
Pero no por esto se necesita otro medio siglo para hacer buena letra con lo que se firmará y pactará hasta el 2060, la compensación debida no exige tanto, basta un cambio serio en las relaciones internacionales y una nueva cultura política que deje para siempre de lado esta combinación de trivialidad y bravuconadas que nos caracteriza.
Nadie podía suponer los cambios que iban a ocurrir en nuestro país desde marzo del 2008 un verano después de la asunción de la nueva presidenta. El conflicto del campo deformó la cara del gobierno. Desde ese momento aquello que se llamaba voluntad hegemónica se convirtió en una puesta en escena por el que se intenta salvar la ropa a toda costa y amurallarse con lo que queda de viejas adhesiones. Todos los días escuchamos un griterío de acorralados que se acentúa desde junio del 2009 en el que las urnas sellaron el proceso iniciado un año atrás.
Fue entonces, con aquel no positivo o sí negativo, que surgió un desconocido para la mayoría de los argentinos llamado Julio César Cleto apellidado Cobos. También a partir de esta nueva fase del gobierno pinguino el mando institucional tuvo a Cristina Fernández como primera magistrada y a Néstor Kirchner como apoderado.
Lo que los ciudadanos argentinos presencian hace un tiempo es que el gobierno de dos se está convirtiendo en un gobierno de tres, en un triunvirato. Es el tercer triunvirato de la historia argentina ciento noventa y nueve años después del primero. Aquellos dos primeros que transitaron los tiempos épicos entre la Junta Grande y el Directorio con personajes como Chiclana, Sarratea, Juan José Paso, Rodriguez Peña, Posadas y Álvarez Jonte, tiene poco que ver con el actual.
La suspensión del viaje de la presidenta a la China es la prueba de que nuestro país existe tal triunvirato y que, además, no se rige por una monarquía como era el deseo de algunos en los primeros tiempos de nuestra nación, sino por una república. Si viviéramos bajo un reinado el viaje de la Monarca no dejaba un vacío ya que el regente transitorio sería un miembro de su familia, pongamos por caso el príncipe Néstor. Pero al no ser un sistema dinástico, le tocaría el bastón un breve tiempo por designio de régimen republicano a nuestro Julio César a quien se ve como el traidor Bruto revirtiendo así la historia de Roma.
El altisonante anuncio de la suspensión del viaje presidencial ha sido otro paso de comedia de esta obra de infinitos actos de la política nacional por una supuesta amenaza de un golpe destituyente del vicepresidente y de probables decretos de necesidad y urgencia en ausencia de Cristina Fernández.
Y digo comedia con la finalidad de que este clima de permanente dramatismo que caracteriza a los K – que jamás supieron que el sentido del humor es condición esencial de la lucidez – no nos atonte definitivamente. Se toman a sí mismos tan en serio que superan semanalmente su propio patetismo ni siquiera mitigado por una sonrisa cómplice y canchera a la tribuna.
Ya no se sabe qué palabra inventar, si “crispación”, “rispidez”, u otras, para describir el único temple que conocen y que los nutre.
Muchos consideran que esta situación es insostenible. Se dice que no podemos seguir bajo un gobierno en el que los miembros de la fórmula ejecutiva se pelean entre sí y en el que el principal opositor es el vicepresidente. Sin duda que es una locura en un país normal. Pero en un pais loco es una cordura.
Ante el desmadre institucional al que nos someten los Kirchner, inventores de las candidaturas testigo, de la aprobación en catarata durante seis meses de leyes por parte de candidaturas vencidas y parlamento en retirada, de la promulgación de un decreto de necesidad y urgencia un par de días después del receso del legislativo y tantas otras habilidades políticas, la presencia de un tercer miembro decisorio o al menos amortiguante ante el dúo hiperdinámico, es un factor de equilibrio. Claro, un equilibrio a la Argentina, sin red y con la soga deshilachada.
Es una pena que esto sea así, porque aunque parezca extraño, este gobierno podría defender varias de sus políticas si realmente sus componentes creyeran en algo, quiero decir en algo interesante, bueno para el país y las próximas generaciones y no para una secta con sus fanáticos que adoran el poder y sus réditos.
Ls kirchneristas aducen que en estos años se ha cambiado el sistema de alianzas gracias al cual no hubo represión ni ajuste y que quienes se oponen a él son parte del partido militar, de la oligarquía pampeana, del FMI, del grupo Clarín y de los desguasadores del Estado.
Es cierto. No hicieron el ajuste porque uno de los mayores ajustes de la historia argentina lo hizo la devaluación del 2002 que redujo los salarios estatales en un cuarenta por ciento. El partido militar hace rato que no existe desde que Menem derrotó al sector carapintada comandado por Seineldín que intentó llevar a cabo el último golpe de Estado. Derrota que le permitíó a Kirchner descolgar el cuadro de Videla.
La oligarquía pampeana es la que le da al gobierno el superávit comercial que le otorga la posibilidad de lucir sus reservas y subsidiar a empresas de servicios antes de un nuevo rodrigazo. Respecto de los desguasadores estatales bien lo saben los ex gobernadores de Santa Cruz quienes gracias a la privatización de YPF se llenaron de bonos hoy esfumados.
También es cierto que no ha habido muertos por represión y nadie en la sociedad argentina quiere que los haya. Tampoco los que hablan en nombre del Orden tienen las espaldas políticas para justificar víctimas en la calle. Duhalde conoce el tema ya que debió renunciar en el 2003 por la muerte de dos manifestantes. Pero el problema no termina en que no hay muertos sino en que no hay autoridad que cuide la aplicación de la ley que no sea rehén de formas de violencia paraestatales. El gobierno sólo puede mantener una cierta estabilidad institucional con dinero en manos de caudillos que administran en cuotas la llamada protesta. Las fuerzas policiales están fuera de control. El sistema de seguridad privado es tan poderoso como el llamado oficial, y la distribución de armas en manos de grupos otorga un poder de fuego que por ahora sólo se manifiesta de vez en cuando.
El problema es que el sistema de autoridad en la Argentina está totalmente desmantelado en lo que atañe tanto a la seguridad de los individuos como al tráfico de droga por los cientos de pistas clandestinas en los que aterrizan aviones cargados por falta de radares y complicidades varias.
Sin embargo, no hay por qué desconocer meritos políticos de este gobierno que no por eso son milagros y mejorar lo bien hecho sin hacer por eso de lo realizado una gesta mítica en la historia argentina.
Todo aquel que no quiere ser parte de este festival liberador o es denostado por videlista o menemista o delarruista. Parece que nunca hay nada nuevo bajo el sol frejulista, aunque sí, probablemente, en pocos años, a la lista negra que hoy se exhibe se le agregará amnesia mediante el mote demoníaco de “kirchnerista”.
Para los que escriben desde el poder la historia de la lucha de clases en la Argentina parece no hay otro modo de inventarle un futuro al país, un porvenir de crecimiento, desarrollo, bienestar y dignidad que el que ofrece este teatro de trincheras que va de aplaudir la cesación de pagos al pago por adelantado, de la sociedad con los grandes medios a desbancarlos, de darles cátedra a los países centrales a pedirles más plata.
La “restauración conservadora” no pasará, repiten. Ojo con la derecha nos dicen, el mundo tiene dos manos y parece que no hay tu tía en este ruedo. Bueno, sí, hay un tío, el tío Cleto.

http://tomabra.wordpress.com/2010/01/25/el-tercer-triunvirato-revista-noticias-23110/

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En la madrugada del día de la fecha 8 de Enero de 2009 falleció nuestro querido Luís "Bicho" León. Sus restos serán velados en el Congreso de la Nación a partir de las 15 hs. Recomiendo leer Semblanza de Luis Leon por Ing. Mario Jaraz

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